Desde los años 90, la agrupación colombiana Aterciopelados se identifica como una voz disruptiva en el género del rock latinoamericano. Con canciones como “Florecita rockera” y “Bolero falaz”, la banda liderada por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago abrió camino a las mujeres en el rock, pues sus letras contestatarias se han usado al mismo tiempo como estandarte de empoderamiento femenino y de resistencia artística.
Ahora, con su sencillo “MOR”, que habla de estas “anti divas polémicas, indomables que no son pedacitos de carne”, Andrea Echeverri vuelve a alzar la voz y asegura que no busca seguir tendencias ni complacer a nadie, sino plasmar lo que observa y siente.
Para Echeverri, la hipersexualización y la presión por encajar en ciertos moldes son temas que no pueden ignorarse, pero que también pueden ser abordados desde el humor y la ironía. “Aunque ser dueña de tu cuerpo y sexualidad se asocia con el feminismo, yo no lo veo así. A mis 59 años, tengo derecho a mi opinión. Por eso abordo el tema con humor, burlándome de mí misma, sin señalar a nadie. No se trata de decir, ‘yo tengo la razón y ustedes están mal’, sino de ponernos en igualdad en un mundo en el que gustar a los demás es una exigencia constante”, señala la intérprete.
La banda recién lanzó el tercer EP de su proyecto Genes rebeldes, “MOR”, el cual tiene el objetivo de seguir sembrando rock femenino insurrecto y combativo. En este nuevo trabajo, la banda aborda con humor los problemas de la industria, especialmente la presión estética y la explotación de la imagen femenina. “Ahora todo es piel, todo es pose, y a veces siento que la esencia se pierde en el camino. Hoy en día vemos a todos con poca ropa y eso me parece un contrasentido. Es una cuestión de generaciones: yo crecí viendo programas como ‘La familia Ingalls’ y ‘Los Walton’, en los que todos eran buenos y bien vestidos, mientras que ahora la gente crece viendo ‘Acapulco Shore’, emisión en la que todos están desnudos y sin límites”, comenta entre risas.
La artista, que a lo largo de su carrera ha buscado desafiar los estereotipos que la industria impone a las mujeres, reflexiona también sobre la transformación del entretenimiento y la manera en que las nuevas generaciones son expuestas a contenidos que priorizan la imagen sobre el talento. “Uno pensaría que con todos los avances de las mujeres también habría progreso en este aspecto, pero siento que cada vez somos más esclavas de un sistema que sigue explotando nuestra imagen. El otro día usé una frase ‘¡el harem neoliberal!’, porque al final el sexo sigue vendiendo, lo sabemos todos”, considera.











