Aurelia Cortés une tiempo y espacio

En el poemario, la autora recrea la experiencia de dos adolescentes. Cortesía
En el poemario, la autora recrea la experiencia de dos adolescentes. Cortesía

Una representación del espacio, y otra del tiempo, cohabitan en el poemario Xicotepec. Años roble, de la escritora Aurelia Cortés Peyron, con el que obtuvo el Premio de Poesía Joaquín Xirau Icaza, que se reactiva después de tres años de pausa.

“El título evoca a Xicotepec de Juárez, un lugar enclavado en la sierra norte de Puebla y, al mismo tiempo, al concepto ‘años roble’, que es una especie de construcción acerca de cómo era para mí pasar el tiempo en ese bosque, este transcurría más lento”, explica en entrevista la poeta.

Señala que en este título, su segundo de poesía, “recreo la experiencia de dos adolescentes jóvenes que visitan esa casa a lo largo de muchos años. Es algo autobiográfico, somos una amiga y yo. Y las reflexiones son en torno a qué es esa casa que nadie habita más que las personas de esa familia cuando van de vacaciones. Pero el que realmente la habita todo el año es el bosque”.

La licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM detalla que sus textos nacen de la observación de cómo se van formando los anillos dentro de los troncos de los árboles. “Es una especie de idea de la autobiografía. También se puede ver como un plano arquitectónico. Es el lugar en el que creciste, te descubriste como persona, tu vocación, tu individualidad. Cada vez que vas a un lugar es como volver a examinar quién eres”, asegura.

Con un jurado integrado por Mariana Bernárdez, Adolfo Castañón y Francisco Segovia, el libro de Cortés fue seleccionado entre 72 obras publicadas que participaron en este galardón que, creado en 2012 por iniciativa de Ramón Xirau y Ana María Icaza, rinde homenaje a su hijo, fallecido en 1976, y es otorgado por El Colegio de México.

Para la maestra en Escritura Creativa por la San Francisco State University, Xicotepec. Años roble es un poemario misterioso. “Es la relación entre adentro y afuera, y también esa misma relación en una joven, adolescente, mujer, que está empezando a descubrir su vocación, su pertenencia al mundo. La pregunta es a dónde pertenezco y cuál es mi familia”, afirma.

Además, confiesa que “tenía la necesidad de que hubiera imágenes acompañando al texto, dudaba si lograría plasmar el lugar solo a través de las palabras. Y de manera no tan consciente empecé a incorporar el lenguaje de la fotografía, de la cinematografía. La idea era que fuera una inmersión sensorial”.

La autora de Alguien vivió aquí dice que el libro reconocido “tiene que ver con la noción de que de pronto se vuelve inabarcable la realidad; entonces, quizá la mejor forma de abordarla es la fragmentación. Tiene que ver con que en realidad no hay certezas”.