En la historia del cine será difícil encontrar a otro actor que haya interpretado tantas veces y de tan distintas maneras a personajes relacionados con el violento y corrupto mundo de las drogas.
Mientras que muchos quisieran desmarcarse de la temática, Benicio del Toro (San Germán, Puerto Rico, 1967) sigue gustoso sumando títulos a esa lista, como “Sicario”, del canadiense Denis Villeneuve, en la que interpreta a un “asesor” colombiano y que hace dos días se exhibió como parte de la Sección Oficial que compite por la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
“He visto y conozco ese mundo. Lo primero que hice fue una miniserie para televisión titulada ‘Drug wars: The Camarena story’, para la que hablé con un testigo protegido del caso. He conocido a cierta gente… he hecho demasiadas películas sobre el tema”, dice Del Toro desde un restaurante con fotos en gran formato y en blanco y negro de leyendas del cine y una vista parcial al Mediterráneo francés que enverdece aún más sus ojos aceitunados.
En aquel proyecto, el ganador del Óscar interpretó a Caro Quintero, uno de los más grandes capos de la historia, acusado de mandar matar a un agente de la DEA que iniciaba una investigación en México.
A ese primer título hay que sumarle “Traffic” (por la que ganó el premio de la Academia); “Savages”, de Oliver Stone; “Escobar: paraíso perdido” y, ahora, “Sicario”, experiencias laborales que lo han sensibilizado con la problemática en ambas partes de la frontera.
Por eso no le da miedo decir que entiende la situación como pocos, además de compartir el dolor de miles de personas que sufren las consecuencias de esta lucha en la que están involucrados los cárteles, los gobiernos y los consumidores de ambos países.












