Después de su debut en el Gran Teatro del Liceu, en Barcelona, como batuta invitada de La flauta mágica, ópera protagonizada por el tenor mexicano Javier Camarena, el director de orquesta chileno-italiano Paolo Bortolameolli (1982) se encuentra en México para darle continuidad a un ambicioso proyecto que busca potenciar el talento musical de jóvenes mexicanos.
La idea de crear un programa de educación artística surgió gracias a una alianza entre Fundación Azteca y la Orquesta de las Américas, comenta en entrevista Bortolameolli, director asociado de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil), y quien ahora también tiene a su cargo a la Orquesta Sinfónica Nacional Esperanza Azteca, agrupación que es resultado de este proyecto que inició en 2021 con el cometido de impulsar a ejecutantes de entre 16 y 25 años. “Ha sido maravilloso ver cuánto entusiasmo y talento hay en la juventud mexicana, es evidente el potencial que hay en el país”, dice.
Alrededor de mil postulantes respondieron a la convocatoria lanzada a nivel nacional, de los cuales fueron seleccionados noventa para participar en la primera edición del programa denominado “Rompiendo el silencio”, que consistió en una serie de clases magistrales impartidas de manera virtual por músicos de compañías tan prestigiosas como la London Philharmonic Orchestra y la Mahler Chamber Orchestra, con los que los estudiantes interactuaron durante varios meses.
Finalmente, llegó el momento de realizar, del 21 al 29 de julio, una residencia artística de manera presencial, la cual no solo permitió la creación de una nueva agrupación orquestal, tendrá su culminación con tres conciertos de la Sinfónica Azteca, en el Teatro del Estado de Xalapa, en el Auditorio de la Reforma en Puebla y en el Centro Cultural Ollín Yoliztli, de la Ciudad de México, bajo la dirección de Bortolameolli y como solista invitado Jorge Federico Osorio, uno de los pianistas mexicanos más conocidos a nivel internacional.
Idioma transversal y eterno Paolo Bortolameolli tiene la certeza de que la música es un agente transformador de vidas. La creación de la Sinfónica Azteca le ha permitido dar continuidad a lo que considera una misión personal: contagiar su pasión por las artes escénicas. El también autor del libro Rubato. Procesos musicales y una playlist personal en el que anima al lector “a conectar con la música desde su propio entusiasmo”, evoca un instante decisivo cuando tenía siete años y su padre lo llevó a un concierto.
“Mientras escuchaba una obra de Beethoven me eché a llorar, no de tristeza sino de emoción. Fue como una epifanía En ese momento mi vida se transformó, empecé a sentir músculos no sabía que estaban allí. Al escuchar música sinfónica en vivo se conectaron en mí ciertos sensores y dije yo quiero hacer esta música el resto de mi vida”, indicó. “Al terminar el concierto mi padre me llevó a conocer al director y cuando le contó lo que me había pasado, el músico me abrazó y me dijo una frase que me marcó: por esto es que hacemos lo que hacemos. Así, tomé la misión de encontrar a otros ‘Paolos’ en el escenario”.
Sus inicios en la dirección orquestal se dieron precisamente al frente de una agrupación infantil y juvenil donde, asegura, el aprendizaje fue inmenso. “Trabajar con niños ha sido uno de los grandes regalos porque no solo les enseñas música, también te vas haciendo cargo de sus historias personales y creas un vínculo muy cercano. Esa conexión con ellos cubre esa necesidad impulsiva, esa acción irrefrenable de hacer música porque soy músico y es algo que no me cabe en el cuerpo”, asegura quien recientemente ha sido nombrado director de la Sinfónica Nacional Juvenil de Chile.
Su deseo de transmitir su entusiasmo llevó a diseñar el proyecto audiovisual “Ponle Pausa”, una serie de cápsulas didácticas musicales breves dirigidas a usuarios de redes sociales. “No son clases porque para eso ya está Wikipedia, quiero resaltar conceptos musicales y relacionarlos con diferentes aspectos de la vida, como el silencio, el humor, la disonancia… Si pones atención a estos aspectos y los encuentras en tu vida diaria, vas a aprender a escuchar de otra forma. Eso es lo que te pide la música, que la escuches con atención porque siempre ha estado ahí”, detalla.
Este tipo de proyectos, como el de la Sinfónica Azteca, que engloban tanto lo social como lo político, dice, resaltan la vigencia de la música como un idioma universal, transversal y eterno. “Estoy convencido de que nuestro mayor logro como seres humanos es ser capaces de generar belleza y emocionarnos con ella, es lo más sublime, pero no se trata solo de eso, el arte en general, pero sobre todo el arte escénico tiene que ver también con la reciprocidad, es un acto de comunidad entre quienes están arriba del escenario y los que están abajo”, asegura.











