Los restos mortales de Salvador Dalí (1904-1989), enterrados debajo de una losa de granito de más de tonelada y media, fueron finalmente exhumados la madrugada del viernes.
La finalidad de los peritos judiciales y forenses que ejecutaron la orden judicial es encontrar algún molar, un hueso largo como el fémur o la tibia y alguna uña que permita practicar la prueba de ADN que solicita la presunta hija del pintor, María Pilar Abel (nacida en 1956).
Hermetismo
Después de una jornada atípica en el Museo Salvador Dalí de la localidad catalana de Figueres, donde centenares de curiosos y de medios de comunicación aguardaban, alrededor de las 7:15 de la tarde —45 minutos antes de la hora habitual de cierre—, los responsables de la pinacoteca ordenaron a los visitantes desalojar el lugar.
Alrededor de las 8:05 de la noche, ya con la zona acordonada por la policía y las ventanales cerrados, ingresaron un secretario judicial, un técnico en medicina legal y dos forenses que dirigen la exhumación.
Dalí, tras morir en 1989 convertido en figura de renombre internacional, fue embalsamado por un grupo integrado por los mejores profesionales del país, los que habrían utilizado abundantes dosis de formol, lo que podría provocar la rápida descomposición del cadáver hasta volverlo inservible para practicar la prueba de ADN.
Se calcula que el patrimonio del pintor podría ascender a 300 millones de euros y, en caso de que María Pilar Abel sea su hija, le correspondería por ley un mínimo de 25 por ciento de todas sus propiedades y valores.
La respuesta se conocerá en septiembre, cuando se difundan los resultados de la exhumación y la posterior prueba de ADN.












