Antes de que existiera C. Tangana, hubo un rapero que “lo petaba” en la escena del rap madrileño bajo el seudónimo de Crema. Ese chaval de poco menos de 20 años, Antón Álvarez Alfaro, decidió romper con los convencionalismos del hip-hop, esos que dictan a un artista qué hacer y qué no, o incluso cómo debe vestir. En lugar de seguir las reglas del género, optó por forjar su propio camino.
Así nació C. Tangana, un artista que dejó atrás la pureza del rap para incorporar géneros como el reguetón y el pop a su música, acompañado de videos conceptuales y referencias al folclor de su tierra. Ese giro lo convirtió en blanco de críticas, pero también lo catapultó a lo más alto del panorama musical.
En 2021, el lanzamiento de El madrileño no solo consolidó su éxito, con más de 5 millones de reproducciones en Spotify en su primer día, convirtiéndose en el mejor debut de un álbum español en la plataforma, sino que también le valió tres premios Grammy Latinos.
Antón se ha acostumbrado a acallar voces críticas, especialmente porque cree que la visión artística no tiene por qué limitarse. Parte de esa búsqueda se refleja en Esta ambición desmedida, su documental que se estrena en cines mexicanos.











