Caballerosidad: una norma a preservar

"Verónica Huesca * CP. Los tiempos han cambiado y con ellos las costumbres, lo vemos en las tendencias juveniles, en los contenidos televisivos, en la música o en las formas de divertirse, pero hay algo que también ha sufrido modificaciones, me refiero al galanteo o la conquista de la mujer amada.

Platicando con un grupo de hombres de la tercera edad, originarios de Tuxtla Gutiérrez y que cada tarde se reúnen en el parque Jardín de la Marimba, lugar donde también podemos ver una forma de galanteo a la 'antigüita', como dicen los jóvenes.

""Antes cuando a un hombre le gustaba una mujer, se tardaba en decidirse a abordarla, pues era muy difícil que la mujer le respondiera a un extrano"", cuenta don Marcelo Guzmán de 82 anos. Primero debían tener ""algún dinerito"" para ser un buen prospecto, ""lucir bien calzado y vestido, no como ahora que andan en fachas"", y claro, el cabello perfectamente peinado -y por supuesto corto-.

""Al abordar a una dama, nos presentábamos con apellidos, para que ella pudiera saber de qué familia provenía"".

También como parte de la conquista se recitaban piropos, ""pero de los bonitos, los elegantes"", cuenta Ricardo Solano de 77 anos.

De igual forma, se acostumbraba llevar serenata, ""como a eso de las 11 o 12 de la noche, porque más tarde era una ofensa para los padres de la chica en cuestión"".

""Las serenatas eran canciones de Agustín Lara o Pedro Vargas, de esas románticas, acompanadas de un trío"", agrega.

Además debían pedir permiso ante los padres para que les dejaran iniciar una relación de noviazgo, aunque no por ello ""significaba que estábamos comprometidos"" cuenta don Ricardo.

""Y si salíamos por las noches, debíamos llegar a la hora pautada, a lo mucho como a las 12"", de no ser así, aquello era motivo suficiente para olvidarse de la relación.

Así, abrir y cerrarle la puerta del coche, colocarle la silla al sentarse, y levantarse, cuando ella lo hiciera, caminar del lado externo de la banqueta, pagar la cuenta, acompanarla hasta la puerta de su casa y despedirse de ella con un pequeno y tierno beso eran prácticas cotidianas, aunque algunas todavía se conservan y otras se han modificado, pero nunca está de más preservarlas, pues aunque en los tiempos modernos la mujer luche por obtener los mismos espacios que ocupan los hombres, a ninguna le cae mal recibir una o algunas de estas atenciones.

""El romance y la caballerosidad, las buenas costumbres nunca pasan de moda"".

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