Un “Rocky mexicano” es como definieron al final de la proyección el filme de Jonás Cuarón Campeón gabacho. Durante poco más de hora y media, Liborio, un migrante mexicano en Estados Unidos bueno para recibir golpes, demuestra su resiliencia, es apoyado por la comunidad que ha ido forjando y, por supuesto, va conociendo al amor.
Es, dice Cuarón, un adolescente que quiere encontrarse así mismo en un lugar (Nueva York) que puede ser agreste para él y de peligro, algo similar a lo que viven varios migrantes al momento de cruzar al otro lado de la frontera, independientemente de su nacionalidad.
La historia es la adaptación fílmica de la novela original de Aura Xilonen. Protagonizada por Juan Daniel García Treviño y la cual abrió el 24 Festival Internacional de Cine de Morelia. “El box es una de las líneas que conectan con la película, pero la historia va más allá de eso. Es un personaje que tiene un como súper poder de dar golpes, pero también es una persona a quien la vida, literal y metafóricamente, se lo ha madreado y se levanta, y esa sensación se me hizo relevante no solo por la experiencia migrante, sino de toda la gente marginada que sigue y sigue adelante”, comenta Jonás en entrevista.
La relación entre ambos países es algo que siempre ha interesado al realizador. Su ópera prima, Año uña (2007), confeccionada por fotografías, mostraba a una estadounidense migrando a México; en Desierto (2015) exploró la travesía por esas tierras inhóspitas para alcanzar el sueño americano, y en Chupa (2023), un gringo buscaba adueñarse de unos seres que aparecían en una familia mexicana.
El mismo Jonás lleva cuatro años radicando en Estados Unidos, de donde es su esposa. “Justo cuando salimos con ‘Desierto’ era el inicio de la primera presidencia de Donald Trump (hace una década) y se hablaba mucho de lo relevante que era la temática y por desgracia cuántos años han pasado y se ha vuelto más relevante”, refiere.












