Carlos Saura es una leyenda viva del cine español. Está en México para hacer teatro, un género que, dice, es mucho más sencillo que el cine. El creador, que se asume como fotógrafo, pero ha hecho ópera, musicales y películas reconocidas con los Goya y nominadas a los Globos de Oro y a los Premios Óscar, está sentado en un sillón y dice sin reparo: “El teatro me parece muy bien, de verdad, pero el cine es un arte definitivo”.
Está en México para presentar la obra El gran teatro del mundo, de Pedro Calderón de la Barca, adaptada libremente por el propio Saura, estrenada en 2011 en España, montaje con el que debutó como director de teatro. Ahora será estrenada en el Conjunto Santander de Arte Escénicas el 22 de febrero, y del 9 al 24 de marzo tendrá temporada el Teatro Helénico de la Ciudad de México.
“El teatro es mucho más confortable, el cine es muy tremendo, exige una gran capacidad física, exige que estés en gran forma, de repente hay que ir a un sitio donde hay un frío espantoso, luego tienes que ir a un sitio donde hace mucho calor y después te vas a un lugar en donde llueve de verdad. El cine es una maravilla, siempre he dicho que todo lo que hago, en el fondo, redunda para ser una película; el teatro me parece muy bien, de verdad, pero el cine es un arte definitivo”, dice en entrevista con diversos medios.
“En el teatro los ensayos son muy largos, incluso a veces me parecen pesados porque está uno muy acostumbrado a inventar cosas sobre las marcha, a mí me gusta cambiar un poco las cosas, no hacer siempre lo que está escrito, y en el teatro no puedes cambiar, el texto está ahí y se repite una y otra vez, en el cine no repetimos tanto; a los actores les encanta eso de hacer siempre la misma cosa, yo no podría hacerlo”, agrega.
Saura tiene la voz firme, con frecuencia le suelen decir que no aparenta su edad, 88 años, pero la memoria a veces lo traiciona, por eso necesita que de vez en vez su hija, la actriz Anna Saura, quien funge como asistente y manager, le recuerde datos precisos de su carrera. Lo que no olvida son sus motivaciones para dedicar su vida a la cultura y al arte:
“La cultura es la base de todos los pueblos, de todas las naciones, deberíamos fomentarla mucho más, cuidarla. Yo soy español y viajo a Estados Unidos, Japón, Latinoamérica, pero ¿qué es lo que queda de España? Bueno, habría que decir que el Real Madrid y el Barcelona, pero después de eso queda Velázquez, Goya, Calderón, Lope de Vega y así hasta el infinito. ¿Qué queda de México después de todo? Queda Carlos Fuentes, Octavio Paz. Lo que queda es la cultura, todo lo demás desaparece, si yo fuera político, que no lo seré nunca, me preocuparía mucho dejar para el pasado mi firma de cuando apoyé la cultura”.
La obra original, escrita a modo de auto sacramental, fue representada por primera vez en Valencia, en 1641, aunque se cree que el texto existía desde una década antes. Describe la vida como una escenificación, imagina al mundo como si fuese un gran teatro y transmite la idea de que solo a través de la muerte se llega a la verdadera vida.
La versión de Saura propone a un Calderón vivo, que es al mismo tiempo actor, autor y director, arrogándose su personalidad; y sin temor al “qué dirán” comienza los ensayos de su versión de El gran teatro del mundo.












