Ha sido testigo de pérdidas, tuvo un hijo, ha creado música pero sin voltear al pasado, solo con su estilo clásico, el de Cat Power: desnudándose con la música.
Esta cantautora, más inclinada al folk y al indie rock que al punk, aunque este sea una presencia importante en su trabajo, dice que no le queda otra opción. “Tengo que ser feminista para siempre”, señala, pues está criando a su hijo, “un hombre, que en un futuro se convertirá en parte del sector masculino que domina la sociedad”.
Hay que recordar que Cat Power se desarrolló en el contexto del movimiento Riot Grrrl, que cobró relevancia desde Washington en los años 90. Grupos de rock representando un feminismo que abogó por la igualdad ante el hombre y luchó contra el abuso, acoso y el patriarcado.
Algo totalmente diferente al movimiento feminista de la cultura pop representado, al final de esa década, por las británicas de Spice Girls. Creadas para competir contra el sexo opuesto en el plano comercial, musical, fashionista y, supuestamente, ideológico.
Charlyn Marie Marshall, su nombre real, es una mujer que creció con padres divorciados, sin la intención de terminar la escuela ni de permanecer en su ciudad natal, Atlanta.












