Celebran 70 años de Élmer Mendoza

Élmer Mendoza en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Cortesía
Élmer Mendoza en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Cortesía

Élmer Mendoza, el inventor de un habla popular que mezcla lo rural con lo urbano; el creador de una literatura negra que explora el universo del narco; el padre del Zurdo Mendieta, ese detective culichi bien entrañable; cumplió 70 años y los festejó en Guadalajara, rodeado de amigos que lo admiran y ensalzan como un “enorme ser humano”. “Ándese paseando”, como él mismo diría.

Además de su gran sentido del humor, lealtad, amistad e inmensa calidad humana. Y es que a este narrador que estudió ingeniería, pero dejó los números para crear un universo literario, sus amigos lo reconocen como un escritor de enorme generosidad con sus colegas, pues al paso de los años ha ido formando a los jóvenes, y leyendo y recomendando a los que ya habitan la república de la letras, a través de su columna “El arte de novelar”, que publica desde 2009 en El Universal.

¿Qué tiene la literatura de Mendoza?, ¿quién es ese narrador culichi a quién mil jóvenes le cantaron “Las mañanitas” en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y que un día antes acudió a Puente Grande para conversar con reclusos en el contexto de la FIL?

Luis Jorge Boone celebra que Mendoza es un autor que ha logrado consolidar una obra única a partir de un género popular, que cuenta con el gusto del público. “Con todos los peligros que esto representa, él ha salido airoso en cada novela, sobre todo por su prosa, que es su marca personal, es una vorágine de voces y esa mezcla de registros que lo hacen un autor único en nuestras letras. Celebro también a uno de los mexicanos que pone en alto la literatura de nuestro país, a un maestro, a un amigo, a un lector que nos enseña y, sobre todo, a la gran persona que es”, señaló.

El poder de su lenguaje

“Élmer ha sido una bocana de frescura y originalidad desde sus primeros libros; fiel a sus orígenes, la Col Pop en Culiacán, escribe de oído, inventa palabras, le da textura a los textos y crea personajes entrañables donde la naturalidad y la persuasión van de la mano”, dice Mónica Lavín.

Para Rosa Beltrán, su compañera en la Academia Mexicana de Lengua, el narrador nacido en Culiacán, Sinaloa es el autor más emblemático de la narrativa del narco; sin embargo, sus libros van más allá; lo define como un autor cuya constante ha sido su propuesta narrativa, su trabajo con el lenguaje y su maestría al utilizar el habla popular con un dejo de ironía.

El crítico y escritor Geney Beltrán asegura que Élmer Mendoza pertenece a una generación de escritores procedentes del norte de México, en los años 80; cita por ejemplo a Jesús Gardea, Federico Campbell, Daniel Sada, Severino Salazar.

Dice que este grupo entregó una serie de representaciones ficcionales sobre una geografía que sólo parcialmente había sido consignada en nuestras letras, y en la que sobresalen los conflictos de los habitantes del desierto y las ciudades de la frontera, la migración interna, la violencia, las nuevas manifestaciones de la cultura popular.

Eduardo Antonio Parra asegura que la mejor manera de celebrar sus 70 años es leerlo, conocer, por ejemplo, lo que es la vida en el noroeste de México, que luego se desparrama para todo el país.

Socorro Venegas lo reconoce como uno de nuestros grandes escritores, “un revelador del mundo oculto y violento del norte de México. Pero también abarca otras coordenadas en el corazón de los lectores. Ha sido un impulsor muy comprometido del libro y la lectura en Sinaloa, le debemos importantes iniciativas en la formación de lectores y eso sólo nos muestra a un generoso escritor que además encuentra siempre tiempo para leer a autores más jóvenes y escribir sobre ellos”.

Su editora en Alfaguara, Mayra González, dice que “es un autor muy vital. Valoro mucho que Élmer es autor-lector, es un prescriptor, un recomendador de libros; su columna la dedica a eso y a estar leyendo a los nuevos autores, a estar promoviéndolos, es muy generoso. Es muy importante un autor que se da el gusto y el placer de estar buscando qué leer de nuevo, eso me parece fantástico, creo que de ahí también se alimenta su literatura”.

Con anécdotas de su bachillerato, Élmer Mendoza realizó una analogía de lo que llamó el “inquietante proceso de ser invisible a ser visible”. Habló de lo que representaba ser “el chico popular” que, afirmó, no tiene nada de malo, “cada quien es como es y debemos de tratar de vivir lo que somos, sin miedo”.

Bajo esa premisa estructuró los cimientos de lo que sería su carrera literaria. “Entendí que si quería ser popular como escritor tenía que hacer una literatura diferente. Descubrí que tenía que usar un cierto lenguaje, que tenía que escribir historias que los autores mexicanos no habían hecho, que tenía que inventar un estilo, que eso es lo más difícil; que fuera literatura que llegara al corazón”, recordó.