"Fabián Rivera * CP. Dos mundos, dos cosmovisiones son las que refrendan sus lazos en la iglesia de El Cerrito, ubicada en el barrio del mismo nombre, uno de los más tradicionales de la capital chiapaneca.
La cosmovisión de los zoques y las tradiciones católicas se reunieron este 8 de diciembre, en punto de las 9 de la mañana, para celebrar el tradicional Día de la Siembra, que marca el inicio del calendario agrícola para esta etnia representativa de Tuxtla Gutiérrez.
Florentino Martínez Reyes cumple un año más su papel como albacea (encargado) de mantener viva esta tradición. Se le nota la edad en los ojos, mas no en su voz, a la que imprime un tono pausado pero firme, con el cual confiesa: ""A pesar del paso de los años, a los muchachos ya no muy les gusta hacer la tradición, pero hay muchos que creen en esto, que lo ven importante, y por eso es que aquí estamos un año más para la siembra"".
Además de Florentino (""Don Tino"" o ""Tío Tino""), hay más gente apoyándolo en este ritual, de carácter comunitario, en el que muchas familias colaboran para mantener viva esta antigua práctica.
En palabras de Sergio de la Cruz, investigador y experto en la cultura zoque, la siembra es una tradición de carácter adivinatorio y que implica la comunión de muchos símbolos que aluden, sobre todo, a la fertilidad.
""Todo es simbolismo. El hecho de poner las semillas en la tierra, esperar a que crezcan los retoños, todo apunta al empeño que la gente reunida pone para poder saber cuál será el destino de la cosecha del año próximo"", apunta.
Aunque Tuxtla se ha urbanizado al grado de que los campesinos forman un grupo minoritario, lo que ha tenido como consecuencia el hecho de que los rituales -para saber cuál será el destino de la cosecha para el año próximo- sean una práctica emblemática. Los encargados de realizar esto año con año son conscientes de que es necesario mantener viva la tradición, ya que es parte fundamental de su identidad.
Así pues, don Tino sigue afanoso en su tarea de terminar la ""casita"" de la siembra, estructura hecha de troncos y revestida de hojas secas de plátano, que espera la entrada de un arca de madera, la cual albergará a los granos nuevos que dictarán la suerte de la cosecha del 2012. La siembra revelará lo fértil de la tierra para el próximo año. Naturaleza y religión protagonizan esta práctica con la que la comunidad rescata su identidad y celebra la vida, como el siguiente reportaje gráfico lo constata.
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