Celebrando a los muertos

"Fabián Rivera * CP. Del 1 al 2 de noviembre, como todos los años, los muertos ""toman vacaciones"" del más allá, para volver y compartir la mesa con nosotros. ""No hay por qué temer de los muertos; ten más miedo de los vivos, esos sí que te hacen daño"", reza cierta frase que rebosa de una sabiduría popular incomparable.

""La muerte pues, no es una cuestión para asustarse. Hay que recibirla con toda amabilidad. Fueron personas que quisimos mucho, y hacerles sus ofrendas y sus regalitos no tiene nada de malo. Qué más quiere uno que sentir que esa persona que ya se nos adelantó está con nosotros un ratito"", confiesa doña Sofí, que perdió a su esposo hace ya varios años, y que prefiere evitar el tema de la muerte, porque extraña mucho a su compañero de toda la vida.

Aunque con diversos matices, más que una celebración, la tradicional fiesta de los muertos representa una verdadera comunión entre dos ""mundos"": vivos y muertos conversan de algún modo, y de manera silenciosa, por unas cuantas horas, en las que las puertas del más allá se abren para permitir el paso de las almas de quienes ya murieron.

Y aunque diversas festividades como el Halloween (la noche de brujas, entre otras denominaciones populares) poco a poco han ganado terreno en la práctica común de las festividades, aún se conservan las costumbres que nos identifican y cuya raíz es difícil de erradicar, como producto de prácticas antiquísimas que se heredan.



Historias

A sus 53 años, José se ocupa en la fabricación y venta de artesanías en el mercado ""Juan Sabines Guerrero"", en el centro de la capital chiapaneca. Además de ello, se dedica a comerciar diversos tipos de estoraque, resina de empleo ritual que sirve para hacer limpias y demás sanaciones.

-Y en estas fechas, ¿qué empleo tiene el estoraque?

Él piensa, risueño, aunque no tarda en cambiar a cierto tono preocupado: ""Pues para tener limpia la sala donde se recibe a las almas; a las chiquitas, a las grandes, y a las que vienen después de éstas"".

-¿Entonces hay varios tipos de almas? ""Sí, hay varias. Las de los niños chiquitos vienen el 1 de noviembre. Para ellos se pone el altar, y se regalan los dulces y las frutas a los niños que pasan en la noche a pedir 'calabacita'. Ya el 2 de noviembre, vienen las almas grandes, para beber su trago, su pozol, su comida que más les gustaba cuando estaban vivos"".

-¿Y quién más viene ese día? ""Ah, también ese día vienen a los que les dicen 'los matados', a lo que mueren de bala, de accidentes, de muerte violenta pues, que no tienen en paz sus almas"".

Tras esta breve catalogación de la visita de los muertos, José procede a explicar que el estoraque es importante para el ritual, y que forma parte de la memoria de mucha gente.

""Yo lo vengo fabricando desde hace mucho. Mi familia, mi papá también se dedicó a esto. Y aunque de repente baja la venta, pues ahorita sube mucho. Vienen los muchachitos a decirnos que quieren varitas de incienso de esas chinas, y yo les digo 'no, no, hijitos, esas no son las tradicionales. Lo bueno es lo que yo vendo'"", comenta, y recrea la imagen tomando una 'tortita' (tableta muy delgada de estoraque), poniéndola sobre su mano. ""Esto es lo más tradicional, hijo, pregúntale a tu abuelo, vas a ver que te va a decir que esto es lo mero bueno, lo que siempre usaban"", dice.

Tanto para José como para doña Sofi, la tradición de celebrar a los ""muertitos"", como les llaman con cariño, es muy importante, y transmitirla a sus hijos o a sus nietos es fundamental. ""Ya todo es de plástico, hijito, antes no se usaban máscaras ni nada de esas cosas que usan 'ora' los muchachitos. Antes todo era más limpio, más sano. Pero, bueno, el tiempo pasa y cuando vengás a ver, a vos te van a estar celebrando en el altar"", confiesa con una leve carcajada.

Ambos testimonios apuntan a una antigua conservación de las prácticas rituales, a la memoria de quienes nos precedieron, de quienes, como dice doña Sofi, ""siempre tenemos en nuestros rezos y en nuestros corazones"".

Aunque para muchos el Día de Muertos es un mercado que poco a poco se irá extinguiendo por la inclusión de otras tradiciones (gracias a fenómenos como la globalización), personas como ellos no declinan en su esfuerzo por mantener vivo el espíritu de estas fechas llenas de misterio; misterio que se percibe en el viento que corre desde dentro de las casas y en las calles: ya sea en los mercados, donde se vende la milenaria resina de árboles que animan el humo sanador dentro de los altares, donde las almas reposarán junto a nosotros por unas cuantas horas, tan sólo para volver al más allá, a donde ellos pertenecen.

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