El cempasúchil, conocido científicamente como Tagetes erecta, es una planta originaria de América y estrechamente relacionada con la historia y las tradiciones de México.
Su nombre proviene del náhuatl cempohualxochitl, palabra que suele interpretarse como “veinte flores” o “flor de veinte pétalos”, aunque existen diferentes explicaciones sobre su significado.
Desde tiempos anteriores a la llegada de los españoles, diversas culturas mesoamericanas utilizaban flores en ceremonias y rituales. Con el paso de los siglos, el cempasúchil quedó profundamente vinculado con las celebraciones dedicadas a los difuntos.
¿Por qué se utiliza en el Día de Muertos?
De acuerdo con la tradición popular, el color y el aroma del cempasúchil ayudan a guiar simbólicamente a las almas hacia las ofrendas preparadas por sus familiares. Por esta razón, sus pétalos se colocan sobre las mesas de los altares, alrededor de las fotografías de los difuntos y en caminos que conducen hasta las ofrendas.
También se utiliza para decorar panteones, arcos, entradas de viviendas y espacios públicos. En cada lugar, la flor representa una manera de recordar a quienes fallecieron y mantener presente su historia.
¿Cómo se cultiva el cempasúchil?
Esta planta suele desarrollarse mejor en lugares donde recibe suficiente luz solar y cuenta con un suelo que permite eliminar el exceso de agua. Para cultivarla, es importante elegir un espacio soleado, mantener la tierra ligeramente húmeda sin encharcarla y permitir que las raíces crezcan en un sustrato con buen drenaje.
La época de siembra depende de la variedad, el clima y la fecha en que se desea obtener la floración. Por ello, los productores planifican el cultivo para que las plantas estén listas durante la temporada de Día de Muertos.
En México, el cultivo y la venta del cempasúchil también representan una actividad económica importante para numerosas familias campesinas y comerciantes, quienes participan en la producción y distribución de las flores.
Su presencia en los altares recuerda que las tradiciones no solo se conservan mediante grandes celebraciones, sino también a través de pequeños gestos que pasan de una generación a otra.
Detrás de cada ramo hay trabajo agrícola, conocimientos sobre el cultivo y una historia cultural que continúa viva en los hogares mexicanos.
Porque cuando sus pétalos cubren un altar o forman un camino hacia una ofrenda, el cempasúchil deja de ser solamente una flor y se convierte en un símbolo del amor que permanece más allá de la ausencia.












