La creación y apertura del centro cultural Ricardo Martínez (CCRM) sólo fue una realidad en el discurso de las autoridades capitalinas. “Desgraciadamente, la apertura no era inminente, aunque así la presentaron las autoridades del Gobierno del DF”, coinciden Ricardo, Zarina y Pablo Martínez Lacy, hijos del artista plástico fallecido en enero de 2009, justo un par de meses después de que le prometieron acondicionar un espacio para resguardar su obra. El 25 de noviembre de 2008, el exjefe de gobierno Marcelo Ebrard Casaubón entregó a Ricardo Martínez de Hoyos la Medalla de la Ciudad de México, en una ceremonia donde anunció la creación del espacio que llevaría su nombre. La restauración y el acondicionamiento del inmueble –el número 58 de Avenida Juárez, donde se ubicó por varios años el cine Variedades– estarían a cargo de la Secretaría de Cultura, que encabezaba Elena Cepeda de León. A más de seis años de las promesas, el edificio continúa abandonado. “Ni la Secretaría de Cultura ni funcionario alguno estableció contacto con la Fundación Ricardo Martínez para una explicación, simplemente dejaron el asunto sin resolución y no respondieron a nuestras repetidas solicitudes de información”, afirman los familiares del artista. La indiferencia continuó a pesar del relevo de funcionarios y de que existen dos exhortos para retomar el proyecto: uno de la Asamblea Legislativa capitalina, en 2013, y otro del Senado de la República, aprobado por el pleno el 7 de abril. Eduardo Vázquez Martín, actual secretario de Cultura capitalino, tampoco ha manifestado interés por dar seguimiento a la palabra que había empeñado el gobierno central. El 30 de marzo, cuando inauguró el Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional, el funcionario afirmó que la secretaría a su cargo incrementará este año su presupuesto en 80 millones de pesos, que serán empleados en tres proyectos que no incluyen el CCRM.












