Los papeles que certifican el divorcio entre Elvis Presley y su esposa Priscilla han salido a la venta este fin de semana a través de la casa de subastas británica Henry Aldridge & Son. En el documento, de 12 páginas y con un precio de salida de 28 mil 200 euros, queda acreditado cómo se disolvió el matrimonio del rey del rock’n’roll, y que Priscilla se llevó poco más que el apellido Presley.
Un coche Mercedes Benz de 1971, un Cadillac El dorado de 1969 y una motocicleta Harley Davidson del 71, así como la mitad de los ingresos de tres casas de alquiler en California y unos 85 mil 700 dólares fue lo que consiguió la exesposa del cantante cuando rubricó el papel de liquidación de su matrimonio fechado el 15 de agosto de 1972, cinco años antes de que el intérprete de Love Me Tender falleciera de un infarto.
El documento establece que la pareja decidió dividir sus propiedades para evitar más costos legales y “estrés emocional”. “Han surgido desafortunadas circunstancias y diferencias entre las partes que ha ocasionado que vivieran por separado desde el 23 de febrero de 1972 y por lo que pretenden disolver su matrimonio”, añaden los papeles.
Según dijo el subastador de Henry Aldridge & Son a Fox News, el acuerdo es considerado como una “pieza fabulosa de la historia del espectáculo”.
Elvis y Priscilla Presley se casaron el 1 de mayo de 1967 en Las Vegas, Nevada. Elvis tenía 32 años y Priscilla, 21. Menos de un año después del enlace, tuvieron a su única hija, Lisa Marie, el 1 de febrero de 1968.
Son muchos los artículos a lo largo de la historia de la vida del rey del rock’n’roll los que relacionan el inicio de la decadencia de Presley a sus últimos cuatro años, que coinciden con el divorcio de Priscilla.
Tras su separación, el cantante encadenó varias novias, con las que, al parecer, prefería mantener una relación infantil, incluso mística, antes que sexual. Su última conquista fue, Ginger Alden, de 20 años, a quien incluso regaló un anillo de compromiso.
Como describe con detalle Peter Guralnick en Elvis Presley: la destrucción del hombre, cuando no se encontraba de giras o derrochando dinero en joyas y coches para sus amigos, se quedaba encerrado en su habitación, durmiendo o leyendo.












