César Bono siempre será un cavernícola

Para César Bono, la puesta en escena Defendiendo al cavernícola ha sido una aventura, por todas las cosas que ha vivido en ella y por la confianza que tuvieron en él para protagonizarla en 2001, cuando se estrenó, y al invitarlo a regresar desde hace un año.

“Trabajar de actor en este país es difícil, porque ser actor con mi estatura, con mi nariz y con mis limitaciones es muy difícil y llevo más de cuatro décadas haciéndolo”, dijo Bono, quien llegó a su ensayo risueño y parlanchín.

César Bono recordó que cuando asistió al estreno de esta obra con Sergio Mayer, lo invitaron a subir al escenario y eso le costó mucho trabajo, pero esa misma noche el productor Morris Gilbert lo invitó a regresar a la obra.

“Que le hablo como a los cuatro días y le digo ‘sí lo hago’, y me contesta que si en dos o tres semanas, pero le respondí que al día siguiente, le sorprendió, le expliqué que ya lo había ensayado y tenía los diálogos en la cabeza; empezamos de inmediato”, declaró.

El actor señala que los cambios que él ha tenido por la edad y por sus problemas de salud, 12 infartos en el corazón y uno cerebral, se han visto reflejados en su personaje en este monólogo, por ejemplo, en lugar de usar una lanza para jugar en el escenario, ahora utiliza su bastón y pasa más tiempo sentado en su sillón.

“Mi mayor preocupación era que la gente no viera a César Bono como un mártir, porque no es mi estilo y no es lo que me mueve; yo trabajo porque necesito trabajar y esa es mi motivación, he sentido un gran alivio porque la gente lo comprende, aunque antes de la función me vean bajar con dificultad del auto, pero cuando me ven en el escenario donde me sé mover, aplauden como aprobando mi lucha”, aseveró.

Pero protagonizar un monólogo era un gran sueño para él, desde que vio a su maestro Carlos Ancira interpretar al menos 100 veces Diario de un loco, en la década de los 70, algo que se volvió realidad cuando en 2001 Morris Gilbert le ofreció este texto del escritor Rob Becker; y además al ser aprobado por el director, Héctor Bonilla, quien realizó una versión que encantó al autor.