Chocolate: fines rituales y médicos

"MdR. * CP. El chocolate es uno de los productos alimenticios de origen prehispánico de mayor difusión universal. Continúa siendo una bebida ritual, festiva, médica, energética y dietética, cuyo consumo debiera generalizarse en el nivel nacional, afirmó el arqueólogo Gabriel Laló Jacinto.

""Una tacita de chocolate al mediodía o a cualquier hora, no sólo alimenta y vigoriza, sino también quita el hambre y evita que uno abuse de la comida. Está probado que es un alimento nutritivo, un estimulante moderado que evita la acumulación de grasa en la sangre y que, según dicen, hasta aumenta la potencia sexual"", comentó Laló.

El arqueólogo hizo una resena histórica del chocolate desde las épocas prehispánica y colonial, hasta el periodo actual en el que sigue siendo utilizado, particularmente en comunidades indígenas y barrios urbanos periféricos.

También mantiene, desde la Colonia Espanola, su estrecha asociación con el pan y los tamales. En Comitán se le consume con casi una veintena de panecitos como la reganada (pariente de la conchita), el marquesote, la biscotela, los panecillos, el pan francés, el ch'o tanel jumasa (tojolabal), el carcanal, las cazuelejas, los moldes, los patudos, los peines, las trenzas, los panecitos de anís, las repulgadas, las costras, las roscas mestizas, las chujas, los moles con ajonjolí y los panes de salvadillo con azúcar, sal o temperante, y el pan compuesto, el cual se usa para una deliciosa torta untada con frijoles .

La presencia documentada del cacao y chocolate en el México prehispánico data del primer milenio, de los siglos VII al XIII -anos 600 a 1200 d. C.- mediante murales, alfarería, esculturas, estelas y códices de las culturas mexica y maya en Veracruz, Tabasco, Chiapas (Toniná, Palenque), Guatemala y Belice.

El chocolate está vinculado a los sacrificios en esta región maya: los esclavos iban adornados con plumas, flores y sartas de cacao antes de su inmolación.

El chocolate era usado por los mayas y otras etnias mexicas para curar la disentería y otras debilidades del estómago. Se le preparaba con agua, se le aromatizaba con yerbas y flores como la de la vainilla y el achiote (orquídeas) y se le bebía en jícaras y jarros o vasijas.

En la colonia, su consumo fue habitual en conventos y familias adineradas. Se servía en ceremonias de recepciones oficiales y privadas. Continuó su uso dietético-medicinal y, hasta nuestros días, es una de las bebidas con mayor demanda.

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