En septiembre de 1930, la tribu de Exploradores Mexicanos, que dependía del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación, se encontraba recorriendo las sierras de Guerrero, cuando descubrieron al monolito de Tlaxmalac.
Los mismos exploradores realizaron la excavación del descubrimiento, pues entonces aún no existía el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), pues fue fundado hasta 1939. Hoy, en Tlaxmalac está el Museo Arqueológico e Histórico de Tlachmalacac, donde se exhiben los hallazgos de la zona, aunque se denuncia en redes sociales que está abandonado por las autoridades.
Lo llevaron a cabo las Tribus de Exploradores Mexicanos, capitaneados por el señor José U. Escobar, cuando iban a establecer un campamento. Este grupo, dependiente del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación, hicieron el descubrimiento de una maravillosa zona arqueológica.
Recorriendo las sierras del Estado de Guerrero, en busca de un lugar apropiado para establecer el campamento anual de la Tribus, descubrieron los exploradores señor José U. Escobar, director de las Tribus, señor arquitecto Lorenzo E. Favela, y señor profesor Teófilo Rivera, que servía de guía, una misteriosa zona, donde seguramente se halla sepultada una ciudad en otros tiempos, ya muy remotos, magnífica y rica.
En la región aparecen, a la vista de los viajeros, varios montículos que seguramente son pirámides sepultadas allí desde hace muchos siglos. En las estribaciones de la montaña se encontraron señales de grandes escalinatas, derruidas graderías, escaños casi perdidos, pero todo esto hecho con la argamasa con que unían los más antiguos moradores del país sus imponentes construcciones.
Lo que llenó de asombro a los descubridores fue sobre todo la monumental cabeza de una esfinge, en todo extremo parecida a la de Gizeh en Egipto, que se levanta valientemente y como desafiando a los viajeros en la falda de uno de los cerros de la riquísima zona arqueológica. La enorme cara, que de seguro corresponde a un cuerpo todavía sepultado en el polvo de los siglos, asoma sobre la tierra llena de misterio y llena de interrogaciones.
Abre esta esfinge nuestra la boca como si pretendiera presentar sus enigma a los viajeros beocios. Sus ojos enormes son quedades. Cerca de la esfinge, en la cumbre de uno de los cerros, existe una piedra redonda cubierta de jeroglíficos. Los indios de la región del comal.
El señor profesor Escobar ha estado documentándose sobre este descubrimiento y consultando sobre cada detalle a verdaderas autoridades en arqueología, quienes están acordes en sostener que la región de Guerrero es desconocida y que no existen informes científicos en obra alguna acerca de esta maravillosa región de Tlaxmalac, en las sierras de Guerrero, descubierta por estos exploradores.
El director de estas tribus ha declarado que se siente orgulloso, lo mismo que sus compañeros, de aportar este descubrimiento a la consideración de los hombres de ciencia, que vendrá a poner en claro muchos problemas de arqueología.











