El método consiste en leer en pequeños espacios de tiempo para agilizar la lectura. Un adulto lee un promedio de entre 150 y 250 palabras por minuto. “Tras 21 días, invirtiendo 15 minutos al día, se puede doblar la velocidad de lectura y leer hasta mil palabras por minuto”, explica el director de contenidos de la plataforma, Felipe Bernal.
La técnica, además, potencia la concentración del lector. Johanes Waldow, director general y fundador de Lectura Ágil, explica que “estas técnicas se aplican en universidades tan prestigiosas como Harvard u Oxford, y lo han utilizado varios presidentes de EE.UU. como John F. Kennedy o en empresas como la NASA, Google o CNN”.
José Manuel Lucía Megías, presidente de honor de la Asociación de Cervantistas, discrepa de este método. Niega que siete horas sean suficientes, entre otros motivos porque “la literatura también es forma y no es cuestión de leer muy rápido, sino de disfrutarlo”. “Me parece bien si uno tiene necesidad de una lectura instrumental, pero una lectura verdadera y placentera de El Quijote no debería cronometrarse”.
Según el especialista cervantista, imponerle un tiempo externo al propio tiempo de la estructura literaria es como ver una película en fragmentos de diez minutos. “Es difícil establecer un tiempo fijo de lectura para El Quijote. Aunque no es necesario leerlo entero ni en el orden en que Cervantes lo presenta: hay una lectura fragmentaria en la que uno puede leer un capítulo al azar porque los episodios tienen una unidad”, explica. Además, la novela tiene una estructura que no depende del tiempo de lectura.












