La miopía es un defecto refractivo que dificulta ver con claridad los objetos lejanos, mientras que la visión cercana suele mantenerse nítida. Esto ocurre porque el globo ocular se alarga más de lo normal o la córnea tiene una curvatura excesiva, lo que provoca que las imágenes se enfoquen delante de la retina y no directamente sobre ella.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la miopía afecta actualmente a miles de millones de personas en el mundo y se prevé que su prevalencia continúe aumentando en las próximas décadas si no se adoptan medidas preventivas. Este crecimiento se asocia no solo a factores genéticos, sino también a cambios en el entorno y en los hábitos cotidianos.
Sin embargo, adoptar hábitos saludables puede marcar una diferencia significativa en la prevención y el control de esta condición.
El poder de la luz natural
Uno de los factores más importantes en la prevención de la miopía es el tiempo al aire libre. Estudios científicos han demostrado que los niños que pasan al menos dos horas diarias en exteriores tienen menor probabilidad de desarrollar miopía.
La exposición a la luz natural estimula la liberación de dopamina en la retina, sustancia que ayuda a regular el crecimiento ocular y evita que el ojo se alargue en exceso. Actividades sencillas como caminar, practicar deportes o jugar en espacios abiertos pueden convertirse en aliados fundamentales de la salud visual.
Pantallas: el reto de la era digital
El uso prolongado de celulares, computadoras y tabletas obliga a los ojos a enfocar a corta distancia durante largos periodos. Esta sobrecarga visual puede favorecer la progresión de la miopía, especialmente en etapas de crecimiento.
Para reducir el impacto, especialistas recomiendan aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar un objeto a 20 pies (6 metros) durante al menos 20 segundos. Además, es importante:
Mantener una distancia mínima de 35 a 40 centímetros al leer o usar dispositivos.
Evitar el uso de pantallas en la oscuridad.
Limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos.
Iluminación y hábitos de lectura
Leer con poca luz o en posiciones inadecuadas no causa directamente miopía, pero sí genera fatiga visual. Una iluminación adecuada reduce el esfuerzo ocular y mejora el confort visual. También se recomienda:
No leer acostado.
Mantener la espalda recta y el material de lectura a una distancia adecuada.
Hacer pausas frecuentes durante el estudio.
Detección temprana
Las revisiones periódicas permiten detectar cambios visuales antes de que se conviertan en un problema mayor. En la infancia, se recomienda una valoración anual, incluso si no existen síntomas evidentes.
Actualmente, existen alternativas para el control de la miopía progresiva, como lentes especiales, lentes de contacto diseñados para frenar su avance y tratamientos bajo supervisión médica. La detección temprana es fundamental para evitar complicaciones en la vida adulta.
¿Por qué es importante prevenirla?
La miopía no solo implica usar lentes. En casos severos puede aumentar el riesgo de problemas más graves en la edad adulta, como desprendimiento de retina o degeneración macular.
¿Sabías que…?
La miopía suele comenzar entre los 6 y 14 años de edad y puede progresar hasta los 20 o 25 años. Detectarla a tiempo mejora el rendimiento escolar, la seguridad al realizar actividades deportivas y la calidad de vida en general.
En un mundo cada vez más digitalizado, proteger la vista requiere equilibrio. Fomentar actividades al aire libre, establecer límites en el uso de pantallas y acudir regularmente al especialista son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia. Cuidar los ojos hoy es garantizar una mejor visión para el futuro.












