Con fiesta popular abre el Cencalli

Con fiesta popular abre el Cencalli

Para inaugurar el Cencalli en el Complejo Cultural Los Pinos, la secretaría de Cultura federal hizo del día una fiesta, y en Tlaxcala, estado con mayor diversidad de razas de maíz, estuvieron puestos los reflectores. En la fiesta como tal abundó la cultura popular, sector que más impulsa esta administración. Y al acto oficial de apertura asistieron funcionarios, activistas, campesinos, indígenas y promotores de la cultura del maíz.

Entre lágrimas, la secretaria Alejandra Frausto dio por inaugurada La Casa del Maíz y la Cultura Alimentaria, a las 18:30 horas del miércoles. Alrededor del Cencalli hubo música, danza, cantos y venta de artesanías populares. Incluso, desde Tlaxcala (estado que será el primer invitado formal del Cencalli) llegó una camada de 12 parejas de su carnaval, danzantes y mujeres jóvenes que se convirtieron en las figuras en torno de las que los curiosos se tomaron fotografías.

A pesar de la fiesta que se prolongó toda la tarde, solo hasta después del acto protocolario los visitantes, músicos y artesanos que aún permanecían en Los Pinos pudieron acceder al edificio, pues primero debían pasar los funcionarios e invitados. A la secretaria Alejandra Frausto la acompañaron en el presídium el arquitecto Óscar Hagerman, autor del concepto arquitectónico en el antiguo Molino del Rey; el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas; el director del IMSS, Zoé Robledo; la titular de la Semarnat, María Luisa Albores; el director del INAH, Diego Prieto; el director de Culturas Populares, Mardonio Carballo; la directora del Cencalli, Dulce Espinosa; representantes de varias comunidades y el titular de Cultura de Tlaxcala, Antonio Martínez Velázquez.

Un guardián de semillas, José Cornelio Hernández, del Consejo Cencalli en Ixtenco, Tlaxcala, demandó que sean sujetos de reivindicación histórica los nombres del maíz y añadió al final de su participación que aunque están a favor de programas de mejoramiento genético, no comparten las ideas sobre modificación de las semillas. El evento fue un acto de múltiples intervenciones que se prolongó, mientras el público esperaba para ingresar al edificio, lo que solo fue posible hasta después de las siete de la noche. Un acceso complicado por las medidas sanitarias, pues solo podía hacerse en pequeños grupos.

La Secretaría de Cultura destinó 60 millones al proyecto, que tiene como curadora a Cristina Barros, quien no pudo asistir al evento de apertura. En entrevista telefónica, la investigadora lo definió como un espacio que busca abarcar todo el universo que el maíz representa, no solo para México sino para otros países. El recinto es de grandes dimensiones; tiene una planta baja y cuatro pisos.

Esta organizado en varias salas distribuidas en la planta baja y los cuatro pisos del inmueble: Origen y Diversidad del Maíz; La Milpa; La Nixtamalización; La Cocina del Maíz; El Maíz Dos Realidades; Valor Simbólico del Maíz y Arte por el Maíz. En esta última se presentan obras de artistas contemporáneos, como en el caso de intervenciones que hizo Francisco Toledo.

El discurso del museo quiere resaltar cómo sigue habiendo nuevas especies de maíz en México; la diversidad de 59 razas y miles de variedades; los sistemas de policultivos como la milpa y las terrazas andinas. También se hace énfasis en la biología del maíz, la nixtamalización y los sistemas agroecológicos que están dando grandes resultados en México. Se contextualiza con información sobre el impacto de la agricultura tradicional: de acuerdo con la FAO, 70 % de la alimentación en el mundo depende de los agricultores tradicionales.

Entre las piezas artesanales figura una mesa de ceremonia al Cha’a Chaak, como las usadas para pedir a las deidades que permitan el inicio del cultivo, y un arco de semillas hecho en Tepoztlán, donde se muestran festividades del ciclo agrícola; también trabajos huicholes con estambres sobre madera acerca del valor sagrado del maíz, un tenango con el ciclo de la milpa, además de cuadros de semillas de criadores de Ixtenco.

También se exhiben fotografías históricas y contemporáneas; obras de arte asociadas a las campañas en defensa del maíz originario en contra del maíz transgénico, como la de Javier del Cueto, 500 mazorcas contra el maíz transgénico, o dos esculturas de Damián Ortega y trabajos de Elizabeth Ross. En los primeros pisos la información se soporta más en reproducciones de fotografías y paneles, y en el último se encuentran varias obras artesanales y contemporáneas.

Sobre el tema del maíz, Barros enfatizó: “Es el cereal que más se siembra. Se ha convertido en moneda de cambio. Se le ha despojado de valor cultural por la agroindustria (la que produce alimento para ganado hacinado). Lo que ocurre ahora tiene su origen en malas decisiones que tenemos que revertir. Pero lo que está pasando también es que estas formas sustentables como la milpa, la chinampa, y toda la agricultura familiar se fortalecen. Es una agricultura viva: 70 % de la alimentación del mundo depende de la agricultura familiar según la FAO”.