Durante la interpretación de la pieza “Capricho nº1 en mi mayor (arpegios)” de Niccola Paganini, el violinista Roberto Peña Sommer tuvo un incidente que le provocó olvidar una nota, debido a que el público que acudió al auditorio del centro cultural Jaime Sabines llegó tarde y en la oscuridad buscaba un lugar, provocando que el concertista tuviera que volver a interpretar la canción desde el principio.
El incidente fue tomado con mucha naturalidad por Roberto Peña, quien señaló que estar en el escenario y tocar una pieza de gran virtuosismo requiere máxima concentración y que si alguien hace un movimiento inusual, provoca que se olvide la siguiente nota, y para entregar una ejecución que cubra las expectativas necesitaría el apoyo del público para no distraerse.
Roberto fue quien inició el concierto que prepararon los hermanos Peña Sommer, entregando un total de 12 piezas, empezando con las obras de Niccolo Paganini (1782-1840) al tocar 7 de los 24 caprichos para violín que creó el músico considerado como uno de los mejores de todos los tiempos.
Peña Sommer iba intercalando sus interpretaciones con una pequeña semblanza del autor, en cual fue considerado durante su época como “el violinista del diablo”, debido a que ningún niño podía tocar las piezas como el lo hacía.
En la recta final del recital de violín, homenajeó a Jules Massenet con “Meditación de Thäis”; para rematar con Antonio Bazzani y la “Danza de los duendes”.
Para la segunda parte, Catalina Peña en la flauta transversal y su hermano Rodolfo en el piano tocaron piezas como “Adoro”, “I will always love you”, “Contigo a la distancia”, “Solamente una vez”, además de alguna de Mozart.
En esta parte de la presentación los hermanos presentaron piezas en conjunto: flauta-violín, violín-piano, entre otras, cambiando el orden en que estaban anunciadas, para hacer un concierto más amenos. El inmueble, según datos extraoficiales, estaba llenó, ya que habían personas sentadas en las escaleras del auditorio, por lo que la convocatoria fue la óptima.












