Los integrantes del colectivo Conejos del Mictlán colaboraron con el artista plástico Daniel Castillo en el proyecto “El lugar que habitamos”, pintando una serie de murales en las paredes de casas ubicadas en el barrio San Roque de Tuxtla Gutiérrez.
Elizabeth Bess, Harto Peralta y Trakia Gamboa fueron los encargados de dicha labor, gracias a la invitación que les hizo el creador del proyecto “El lugar que habitamos”, quien se acercó a ellos para ofrecerles un espacio para sus intervenciones.
Harto Peralta mencionó que esta colaboración se pudo consolidar debido a que ellos estudiaron en la misma escuela que Daniel, por lo que hay una gran cercanía en cuanto a la técnica que emplean. Como integrantes del colectivo Conejos de Mictlán, señaló, se dedicaron solamente a pintar, ya que la gestión del espacio y de los materiales estuvo cargo del titular del proyecto, y agregó que cada uno de ellos se puso en contacto con los propietarios de las paredes para llegar a un acuerdo sobre el tema de la obra.
Asimismo, destacó la unión que existe entre los vecinos del lugar, no desde el punto de vista de querer cambiar a las personas a través las intervenciones pictóricas sino al hacer más bello su entorno. “Vemos que, luego de hacer una pintura, la gente cuida el espacio aunque no sea propio, y cuando estamos trabajando hay actos de humanidad que nos hacen sentirnos más conectados”, refirió.
Al respecto, Elizabeth compartió que fueron muy bien cobijados por los habitantes de San Roque, e incluso varios de ellos se acercaban a ver cómo iba avanzando la obra. Abundó que como colectivo tienen un proyecto propio que se titula “Conciencia mural”, con el que intervienen algunas paredes de la cuidad. “A nosotros siempre nos pasa que, cada que terminamos una pintura, la gente trata de tener ese espacio limpio, bien iluminado, y eso termina por generar sitios más seguros”, afirmó.
Por su parte, Trakia detalló que las personas tienen una conexión especial con las pinturas desde que van pasando por la calle donde van tomando forma, y los niños son los más curiosos y nobles, pues suelen hacer preguntas y es cuando se despierta en ellos el interés por el arte. Los adultos, añadió, suelen entablar una conversación para saber más sobre el artista, y luego lo felicitan por su talento.
Los integrantes del colectivo coincidieron en que todo esto les provoca una gran satisfacción como creadores y los insta a seguir participando en proyectos de este tipo.












