Treinta de enero de 1926. Faltaban más de 60 años para la creación del primer prototipo de ‘smartphone’ pero, por aquel entonces, la idea de una sociedad conectada por dispositivos inteligentes inalámbricos ya corría por su cabeza. Nikola Tesla tomaba asiento ante el periodista John B. Kennedy, en el estudio desde donde se emitía el programa radiofónico The Collier Hour, y lanzaba una de las predicciones más utópicas del siglo XX que a la postre se convertiría en realidad
“Cuando consigamos aplicar a la perfección la tecnología inalámbrica, toda la Tierra se convertirá en un enorme cerebro (…) Seremos capaces de comunicarnos entre nosotros al instante, sin importar la distancia”. Habla de internet, pero también de los smartphones y el boom de la comunicación por la proliferación de redes sociales y de plataformas y aplicaciones como Skype o WhatsApp.
“A través de la televisión y la telefonía vamos a poder vernos y escucharnos los unos a los otros tan perfectamente como si fuera cara a cara, aunque exista una distancia de miles de kilómetros. Y los instrumentos a través de los cuales podremos hacer esto serán increíblemente sencillos en comparación con nuestro teléfono actual. Un hombre podrá llevar uno en el bolsillo del chaleco”, decía.
Harían falta 67 años para que IBM creara, en 1993, un prototipo telefónico que significaría el primer paso hacia la telefonía móvil inteligente. Lo llamaron Simon Personal Communicator, y contaba con una pantalla táctil y servicios como una agenda, correo electrónico, contactos, juegos e incluso fax. Su precio de venta era el mismo que el de un iPhone de los actuales: entre 900 y 1000 dólares, dependiendo de si la compra iba acompañada de un contrato con la compañía telefónica o no. Tras su lanzamiento, durante los seis primeros meses la empresa distribuidora BellSouth Celular vendió cerca 50 mil unidades, sobre todo a empresarios.












