"María Antonieta Valera de la Torre * Mujeres y Punto APN. Pensemos en la cultura como ""nuestras maneras de vivir juntos"", hagamos el ejercicio de pensar en un concepto como la puntualidad; quién, cuándo, y bajo qué circunstancia algo inicia a tiempo en nuestra cotidianidad, para mí sólo la ópera en Bellas Artes y la corrida de toros, porque jamás sale un avión a tiempo, mis citas con horario en el médico son nada más requisito, como catedrática mis alumnos siempre hacían lo posible por demorar la entrada, en las reuniones de trabajo esperábamos siempre por algo o por alguien, el colmo son las invitaciones a las ceremonias religiosas a donde te invitan un mes antes como mínimo, especificando media hora antes para que llegues a la hora en la cual dará inicio; estamos mal educados para tener tolerancia, paciencia, serenidad, todo lo que Kaliman le ensenó a Solin
Sabemos perfecto que no podemos reclamar nada, si nuestro vuelo sale tarde te puedes cortar las vestiduras porque no logras nada poniéndote furibundo, si tu médico no te recibe en el horario establecido, lo debes tolerar porque si cambias de doctor será exactamente lo mismo.
Pero no se te ocurra viajar a la Unión Europea o a Estados Unidos, en donde la puntualidad tiene un costo; por ejemplo en Espana el boleto de tren tiene en el anverso la inscripción especificando la tarifa de reembolso al usuario por la demora en el tiempo, pero estimado lector no crea que es empresa privada, ni que son unidades horrendas, la red de trenes es propiedad del Estado con unidades que hacen dos horas y 20 minutos de Barcelona a Madrid a una velocidad de más de 300 kilómetros.
Entendemos que la puntualidad no es nuestro fuerte, tampoco nos interesa buscar un sistema de justicia que penalice a los impuntuales, los justificamos, los toleramos, los consentimos, no queremos cambiar ese estatus quo.
Lo mismo sucede con la democracia, como no es parte de nuestra cultura no la entendemos ni nos interesa, la ciudadanía democrática que es una forma de organización social de los iguales en derechos y deberes, no en sexo, raza, capacidades físicas o intelectuales, sino iguales en la obligación de acatar las leyes, tampoco nos interesa.
Dejamos que los políticos decidan por nosotros, estamos solapando una costra de inamovibles especialistas en mandar, bajo la cual todos los demás son resignados especialistas en obedecer.
Debemos intervenir en la vida pública, porque al hacerlo defendemos nuestros intereses, entendiendo que nuestro principal interés es conseguir que la sociedad en que vivimos sea lo más social posible, es decir, que se mantenga equilibrada, donde se garanticen los derechos y se aseguren las responsabilidades.
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