La actriz Emerald Fennell debutó como directora y guionista con la brillante Hermosa venganza (2020), donde subvertía los códigos del romance indie para contar una historia de violación y venganza.
Salió más que airosa y eso le dio aplomo para afrontar su segunda película, Saltburn (2023), con descaro, mucho descaro. Aunque se quedó en eso. El odio de clase y el resentimiento de quien no pertenece a las capas privilegiadas quedaba diluido entre las fiestas y el exceso.
Eso sí, plantó una semilla temática que claramente le interesa y con la que ahora continúa. Su mirada sobre la obra de Emily Brontë, que tiene en este asunto uno de sus pilares, empieza a asentar un sello reconocible a base de disfrute visual, buena dirección de actores y algunas travesuras para deleite del público, con más intención de divertir y generar reels en Instagram que de provocar.
Por alguna razón a Fennell se le da mejor retratar a los disfuncionales Earnshaw que a los acomodados Linton. Ya le pasaba en Saltburn, donde el personaje de Barry Keoghan tenía más enjundia que al que daba vida Jacob Elordi. Cumbres Borrascosas, el caserón lleno de barro donde vive esa familia empobrecida y violenta, genera más interés que el mundo de la granja que habitan los Linton. En esa representación de lo salvaje frente a lo civilizado gana lo primero y a través de ello nos regala un arranque de la película que abraza el espíritu de Brontë.
Parte del mérito lo tienen Owen Cooper, el niño de Adolescencia, y Charlotte Mellington, quienes interpretan a los Cathy y Heathcliff niños. Ahí se respira la esencia gótica de la novela, aparecen referencias tanto visuales como textuales a sus páginas, y se atisba lo fantasmal que impregna el relato original. Sin embargo, esta atmósfera se disuelve a medida que avanza la trama y se traslada a la Granja de los Tordos, convertida en la mansión de Barbie del siglo XVIII. El capricho puede resultar comprensible y hasta disfrutable si se está en el mood para ello. También discutible para los puristas.
La decisión de Fennell es reducir Cumbres Borrascosas a una historia de amor imposible. En ese aspecto, con una pareja como Margot Robbie y Jacob Elordi, resulta arrebatadora. Pero prescinde de reflexiones profundas sobre el origen de la maldad, del rencor como una pulsión inevitable y la venganza como motor existencial. También la mirada en torno a cómo esto se transmite de generación en generación perpetuando el círculo de la toxicidad y la violencia.
En definitiva, de gran parte de la densidad turbia que atraviesa la novela. Muy consciente de ello, se ha encargado de poner unas absolutorias comillas en el título. Lo cierto es que si todo el mundo actuara con la misma honestidad no quedaría cartel de película sin ellas.
Una ilusión visual
Cuenta con Margot Robbie como socia en la producción a través de su compañía, Luckychap, y para ella reserva numerosas escenas memorables visualmente. El formato Vistavision con el que ha rodado Fennell le permite por un lado jugar a lo grande con la épica del paisaje de Yorkshire y por otro recrearse en el detalle de las texturas, lo que resulta tremendamente gustoso en pantalla.
Sin embargo, hay una trampa en esta belleza. Estos colores son tan vívidos y saturados que, por momentos, la película se siente más como una editorial de moda de alto presupuesto que como un drama humano. La estética es tan perfecta que llega a distraer de lo verdaderamente importante: la ruina moral de los personajes. El envoltorio es tan brillante que a veces opaca el vacío existencial de la historia.
La versión más carnal y silvestre
Si algo define a esta pareja es la química. Margot Robbie y Jacob Elordi entregan la versión más sexual, erótica y gutural que hayamos visto. No es un amor de suspiros en el balcón; es un amor de sudor, tierra y dientes. Es una pasión silvestre, tan indomable como el paisaje que los rodea.
Dicho esto, hay que admitirlo: son una pareja insoportable e irritante. En esta Catherine vemos los caprichos orgullosos de una Scarlett O’Hara, mezclados con la entrega ciega a la pasión oscura de una Madame Bovary, todo envuelto en el aura sombría y fatalista de una Anna Karenina. Son dos fuerzas narcisistas chocando entre sí; te fascinan, pero quieres que dejen de gritarse.
La versión de Fennell es un gótico de neón y barro. Catherine y Heathcliff no se aman, se devoran en una danza tan estética que duele y tan tóxica que irrita. Es el capricho de Scarlett O’Hara con la oscuridad de Anna Karenina. Un incendio visual donde el amor es la primera víctima.
Tejiendo el trauma a mano
Donde el guión de Fennell acierta magistralmente es en la infancia. A diferencia de otras versiones que corren hacia la etapa adulta, aquí nos tomamos el tiempo de ver cómo se construye el vínculo entre Catherine y Heathcliff.
Fennell teje esa relación punto por punto, mostrándonos su salvajismo compartido desde niños. Es este trabajo artesanal en el guión lo que logra que, cuando llegan a la adultez, sus decisiones (por muy destructivas que sean) realmente nos importen. Entendemos que no son solo amantes; son el mismo organismo dividido en dos.
Quiénes participan en esta adaptación
En Cumbres Borrascosas, Margot Robbie interpreta a Catherine Earnshaw. Es una mujer apasionada que queda atrapada entre su amor visceral por Heathcliff y las convenciones sociales de la época, que la empujan a tomar decisiones que marcarán el destino de su familia.
La cinta presentará a Heathcliff en diversas facetas de su vida. Owen Cooper, actor de 16 años que saltó a la fama por Adolescence, será el encargado de darle vida en su juventud. Jacob Elordi asumirá el papel en su etapa adulta, ya como un personaje maduro que revela las cicatrices emocionales de su pasado.
Hong Chau interpreta a un personaje llamado Nelly Dean, ama de llaves que funge como la narradora de película. Es conocida por sus actuaciones en Pequeña gran vida y La Ballena. Shazad Latif es Edgar Linton, el esposo de Catherine y el rival de Heathcliff.
Otro personaje destacado de Cumbres Borrascosas es Isabella Linton, la hermana de Edgar. La también cuñada de la protagonista, conocida por ser amorosa e ingenua, es interpretada por Alison Oliver. Martin Clunes interpreta al Sr. Earnshaw, el patriarca de la familia que adopta a Heathcliff y desencadena, sin saberlo, el conflicto que marcará el destino de todos.
Por último, Ewan Mitchell es Joseph, un sirviente de los Earnshaw que es conocido por ser profundamente religioso. Su rigidez moral influye en la infancia de Catherine y contribuyen al ambiente opresivo en el que crece.












