Considerado uno de los protagonistas de la renovación del arte mexicano contemporáneo a partir de la década de los 90, Damián Ortega (Ciudad de México, 1967) ha apostado por un trabajo escultórico cuyo proceso creativo y presencia en el espacio de exhibición adquieren más relevancia que la misma forma final del objeto.
Es llevar la escultura a un nivel de exploración sobre el entorno sin atender las teorías clásicas del modelado en mármol o piedra; por el contrario provocar esa experiencia a través de materiales tan simples como cotidianos desde un automóvil hasta la mazorca de un elote con los cuales reflexionar el entorno.
“El punto clave de mi trabajo y de mi generación de escultores fue reconocer que la escultura no tenía que estar obliga a utilizar los lenguajes académicos como el mármol, piedra o madera; sino que podíamos utilizar más bien los objetos que están a nuestro alrededor y de alguna manera eso tenía que ver con una individualidad y una independencia política”, comenta en entrevista quien se ha presentado desde la Tate Modern hasta la Bienal de Venecia.
Las 19 esculturas-instalaciones que Ortega exhibe actualmente en la galería Hangar Bicocca, en Milán, dan cuenta de esta evolución en la producción de objetos. Se trata de la primera retrospectiva del artista en Italia titulada Casino que hace una revisión de su propuesta escultórica con proyectos emblemáticos como Cosmic Thing (2002), Moby Dick (2004) o Escarabajo (2005).












