“Soy el ‘Will Smith mexicano’”, dice entre risas Daniel Martínez, conocido por su rudo personaje en El Señor de los Cielos, durante las últimas tres temporadas.
Algo tiene de razón, pues ahora le toca interpretar al padre de una tenista, así como el actor estadounidense lo tuvo que hacer en Rey Richard: una familia ganadora, trabajo que le dio el Óscar este año, el día fatídico del incidente con Chris Rock.
Daniel forma parte de El poder de los girasoles, serial para la plataforma de Disney Plus, con fecha de estreno tentativa de 2023. “Es una producción sobre una chica tenista de altos vuelos que tiene un accidente y por ello termina en una clínica de rehabilitación con varias personas con discapacidad”, comenta. “Yo soy el papá; es tratar el regreso, la redención de alguien, en una historia muy bonita. Se filmó aquí y ahora estamos esperando fecha de salida”.
Carla Adell, como la tenista, encabeza el reparto de la serie, donde también se encuentran Saúl Lisazo, Luz María Zetina y Tomás Rojas. La sinopsis indica que se trata de una historia que inspirará a la audiencia con mensajes de perseverancia, resiliencia y optimismo y que destaca la importancia de la amistad y la familia.
Actualmente, Daniel forma parte de la nueva temporada de El Señor de los Cielos, a la que entró desde hace unos tres años. “La verdad, me la paso bien y es algo adictivo, es como ‘El libro vaquero’ (historieta) y esas cosas. Por el sello de narco serie tendemos a demeritar, pero no tiene nada de eso, o sea, el escritor es talentoso y buscan cualquier situación para equipararse a la realidad”, considera.
Además, recuerda, a su personaje lo iban a matar y en un episodio hasta le dispararon en la cabeza, pero luego lo “revivieron”. “Hay cada vez más locaciones y más importantes, la idea es cada vez hacer las cosas más grandes y ahí vamos”, expresa.
La semana próxima, Daniel será visto en cines en El poderoso Victoria, cinta ubicada en 1936 y que cuenta la historia de un pueblo lejano cuyos habitantes deciden construir un tren para salir de su incomunicación. “De niño no tuve un tren, pero sí una autopista (risas). Es una película muy bonita, de amor”, apunta.











