Verónica Huesca * CP. Con motivo de la llegada de la primavera, la cual entró el domingo a las 6: 20 de la manana, los voladores de Papantla realizaron su tradicional rito para darle la bienvenida al Sol, símbolo de la vida.
Los hombres-pájaro, como también se les conoce a los voladores, son una tradición mexicana heredada por los pueblos mayas que habitaron en Mesoamérica y cuya permanencia se debe a la etnia totonaca, asentada en el noroeste de México, región que corresponde a Veracruz y Puebla.
La danza que es para agradar a los Dioses, consiste en que un grupo de hombres conformado por 5 personas, se suben a un poste de 30 metros de altura, cuatro de ellos se atan una cuerda a la cintura y se lanzan de cabeza al vacío con los brazos abiertos, girando alrededor del poste. Al tiempo que uno de ellos, el caporal, saluda al Sol tocando música indígena con instrumentos de madera, hechos a mano.
La flauta de carrizo representa el canto de las aves y el tambor representa la voz de Dios.
Esta danza es también un símbolo de los cuatro puntos cardinales (la plataforma de cuatro lados y los cuatro voladores). El volador principal, el músico, baila en la parte superior del poste y gira hacia los cuatro puntos cardinales, comenzando por el Oriente pues es ahí donde se origina la vida. Cada volador gira 13 veces, esta cifra multiplicada por los cuatro voladores resulta en 52 círculos en total, puesto que según el calendario maya, cada 52 anos forman un ciclo solar, y cada ano está compuesto de 52 semanas, después de las cuales un nuevo sol nace y la vida sigue su curso.
Ataviados con sus trajes y tocados tradicionales de la etnia totonaca, honran, de esta manera, los ciclos de vida y los elementos primarios.
La siembra del palo del que penden sus cuerpos a 30 metros de altura, simboliza la unión entre la madre tierra y la divinidad celeste.
Así, cuatro hombres desafían la gravedad para saludar al padre Sol, solicitando la fertilidad de la tierra, que llegará cuando inicien las lluvias imploradas.











