Hay palabras que evocan sentimientos contradictorios. Felicidad y tristeza. En El mejor mundo posible, Emilio Lezama muestra que la nostalgia es una de ellas.
La portada del libro recibe al lector con una fotografía. En ella, una mujer de cabello largo y negro se encuentra dentro de una tina en un cuarto de hotel de Londres. Su mirada connota que algo pasó, pero hoy, esa realidad es distinta. Nostalgia. En este libro, los personajes principales no tienen nombre. Y es que no es necesario, pues la trama posibilita al lector para que pueda identificarse ampliamente.
“Quise quitarles la atadura del nombre a los protagonistas; los hice libres. Puede ser cualquier él y ella. Mis personajes se identificaban más con el anonimato que con cualquier apelativo. Le agrega un misterio. No hace a la novela inconclusa. Le da un elemento de mayor expansión”, expresó Lezama.
Él, personaje principal de la novela, reflexivo y romántico empedernido se enfrenta a una, llega a una conclusión: amar es una mala decisión y a la vez, una gran sabiduría. ¿Por qué?
Lezama comenta: “Esa frase me llegó a la mente en un momento en el que estaba muy adentrado en la esencia de ‘él’, porque el amor, indudablemente, traerá dolor. De forma racional, lo conveniente sería no sentirlo. Sin embargo, C. S. Lewis, afirma que el dolor es el instrumento de Dios para dar un sentido humano a cada persona”.
El mejor mundo posible también explora la magia detrás del “casi”. “En muchas ocasiones, nos afectan más las cosas que casi suceden que las que sí pasan; ese amor que casi sucede; el gol que casi mete la selección mexicana”, expresa el autor.
Es posible vislumbrar al pasar las hojas un antagonismo entre Gottfried Leibniz y Voltaire que, representado por los enamorados de esta trama, se basó en la filosofía del primero: lo que sucede es la mejor versión posible de la realidad, no perfecta; por la existencia vasta de posibilidades, pero se acerca mucho.
Hace tres años y dos meses lo comenzó. Exactamente en octubre del 2016; se muere Leonard Cohen y Donald Trump gana las elecciones en Estados Unidos. Escrita a través de oraciones cortas y muchos puntos y seguido al estilo de Ernest Hemingway, la lectura es fluida.
“Quería hacer una novela profunda, no pretenciosa. Que fuera ligera, no frívola y este estilo ayuda a eso; un estilo que fluye mucho, que te ayuda a pasar las páginas muy rápido y que no le resta calidad literaria; simplemente la vuelve concisa”, afirma el también politólogo.
Una primera parte la hizo en horario de trabajo, entre vuelos y aviones, entre Ecuador y México. Emilio Lezama considera que este libro puede dividirse en tres partes cuenta que el proceso creativo fue distinto en cada una.
La primera, de amor o de desamor, depende de cómo quiera verse. El columnista la define como introspectiva. La segunda la escribió ocho meses posteriores. Aunque el lenguaje es similar en ambas, en esta última, “mi estado de ánimo era diferente. Me costó mucho más trabajo escribirla porque me es menos natural, menos reflexiva y es más de acción”, explica.
La tercera parte, la más reciente, es la que une a las otras dos. Busca regresar a lo romántico del inicio, tomar el contexto político y atarlos para darles un final.
“Lo que yo exploro con el amor posmoderno es cómo se vive. En sí, el amor no cambiar, cambian sus formas y las herramientas. Ahora, el amor es una nota de voz, un mensaje de WhatsApp; el cibersexo en el Skype. Los espacios donde se desarrolla este sentimiento son diferentes, pero la sustancia sigue intacta desde tiempos de Dante Alighieri y Beatriz”, asevera Lezama.












