La actriz británica Emma Laird ha construido una carrera marcada por la perseverancia, la versatilidad y la búsqueda de personajes fuera de lo convencional. Tras iniciar su trayectoria en el modelaje, encontró en la actuación el camino para desarrollar su vocación artística y consolidarse en producciones internacionales como Mayor of Kingstown, Misterio en Venecia, El brutalista y la franquicia 28 años después. Su evolución profesional la ha colocado entre los talentos emergentes más interesantes de la industria audiovisual británica
Los primeros pasos
Originaria de Chesterfield, Inglaterra, Emma Laird comenzó a llamar la atención en el mundo de la moda durante su adolescencia, cuando fue descubierta por un cazatalentos en un festival musical. A partir de ese encuentro, se abrió paso en una industria que le permitió participar en campañas publicitarias, sesiones fotográficas y proyectos vinculados con importantes firmas de moda.
Durante aproximadamente siete años, el modelaje representó su principal actividad profesional. Sin embargo, detrás de las oportunidades internacionales y la exposición mediática, Laird comenzó a experimentar inquietudes relacionadas con las exigencias de ese sector y las limitaciones creativas que encontraba en él.
Su interés por la interpretación la llevó a estudiar actuación en la New York Film Academy, donde se formó para dar el salto a la pantalla. Esta decisión significó un cambio decisivo en su carrera: dejó de ser únicamente un rostro asociado con la moda para comenzar a construir una identidad propia como actriz.
Los primeros créditos interpretativos de Laird incluyen el cortometraje From life en 2018 e In conversation with a goddess en 2019, trabajos que marcaron el comienzo de su recorrido audiovisual. Aunque se trataba de producciones de menor escala, le permitieron acercarse al lenguaje cinematográfico y adquirir experiencia frente a la cámara.
El gran salto
El punto de inflexión llegó en 2021, cuando obtuvo el papel de Iris en la serie dramática Mayor of Kingstown, creada por Taylor Sheridan y Hugh Dillon y protagonizada por Jeremy Renner.
La producción, ambientada en una ciudad de Michigan marcada por el sistema penitenciario, la violencia y las tensiones entre autoridades y organizaciones criminales, permitió a Laird demostrar su capacidad para interpretar a un personaje vulnerable, complejo y atrapado en circunstancias extremas.
Iris, una joven vinculada con ambientes peligrosos, se convirtió en uno de los papeles más relevantes de sus primeros años como actriz. Su participación en la serie de Paramount Plus le dio una exposición internacional considerable y la acercó a una audiencia mucho más amplia.
Ese mismo año, su nombre apareció en la selección “Brits to watch” de la revista Variety, reconocimiento que destacó a intérpretes británicos con potencial para desarrollar carreras de alcance internacional. La distinción contribuyó a posicionarla como una figura emergente dentro de la industria.
Una nueva faceta
En 2025, la actriz se incorporó al universo de terror posapocalíptico de 28 años después, dirigida por Danny Boyle. Allí interpretó a Jimmima, integrante de un grupo violento que habita un mundo devastado por una epidemia que transformó a la sociedad.
Aunque su aparición en la primera película fue breve, el personaje adquirió mayor relevancia con 28 years later: The Bone Temple, estrenada en 2026 y dirigida por Nia DaCosta. En esta continuación, Laird profundizó en la construcción de una figura perturbadora, marcada por una crianza extrema y una visión distorsionada de la realidad.
La preparación del papel exigió una aproximación física y psicológica distinta a la de sus trabajos anteriores. En entrevistas, la actriz ha explicado que desarrolló una historia personal para Jimmima con el propósito de comprender cómo alguien criado en un entorno apocalíptico, sin una educación convencional ni referentes familiares estables, podía interpretar el mundo que lo rodeaba.
El resultado consolidó una faceta más arriesgada de su carrera. La intérprete pasó de los dramas criminales y los relatos de época a una producción de terror en la que el lenguaje corporal, la intensidad y la construcción de una personalidad extrema desempeñan un papel fundamental.












