De las soledades de Rosario

"Sara Regalado * CP. Cuando la escritora Dolores Castro habla, lo hace de una manera lúcida y transparente, pero, aún más, cuando habla de su entrañable amiga Rosario Castellanos es inevitable ver revivido a este personaje que se va formando con cada acertada palabra que de la boca de Castro emana.

""A Rosario la puedo recordar como parte de mi vida, y quizás la más brillante y la mejor"", asume Castro, quien fue invitada a disertar sobre la autora de ""Oficio de tinieblas"", en el marco del Festival ""Rosario Castellanos. Un canto sin fronteras"", organizado por el grupo literario ""Décima Musa"" para conmemorar los 85 años de nacimiento de Castellanos.

""Rosario era, primero, una adolescente triste; luego, una joven con gran sentido del humor y de la ironía, que tenía mucha simpatía y amigos y novios. Pasó por otra etapa en la que madura su vocación como escritora y piensa que lo único que va a hacer en la vida es escribir. En realidad, esto se cumplió, ella escribió; pero al principio ella decía que no se iba a casar y que no iba a tener hijos. Finalmente, se casó y tuvo tres niños de los cuales sólo uno logró vivir"", platicó la escritora mexicana sobre los intereses, expectativas y experiencias que marcaron a Rosario, quien finalmente optó por el matrimonio para no encontrarse más con la soledad.

""Sus padres fueron personas muy depresivas, que a partir de la muerte del hermano de Chayo se dejaron morir; y a Rosario sí la mimaban mucho, pero ella decía: 'Me miman mucho y me cuidan porque piensan que soy lo que les quedó'. Como dice en 'Balún Canán', un día oyó decir a su mamá: 'øPor qué no fue Rosario la muertaú', 'øpor qué fue el varónú'. A partir de eso, ella sintió que era una hija no querida y eso amargó mucho su vida. Yo, si me quedaba sola, no me quedaba en realidad así, porque he tenido muchos cariños: hijos, marido, hermanas, padre; pero cuando se quedaba sola Rosario, sí se quedaba terriblemente sola. Finalmente, ella me escribió que se había casado con Ricardo Guerra porque había probado la soledad y que en su vida futura podría tolerar cualquier cosa, menos la soledad.

Y merodeando aún en los temas de la soledad de Rosario y de cómo ésta marco su vida, Dolores castro platicó una anécdota: ""Decía Rosario: 'Hay que elegir entre vivir y contar, entre la literatura y la vida'. Y yo le decía: 'No, yo quiero escribir, pero también quiero vivir y cumplir las etapas de la vida como cualquier persona'. Finalmente, cuando tuvo ese aislamiento por la literatura, se dio cuenta de que ni siquiera era benéfico para seguir escribiendo"".

Esta tremenda diferencia de percepciones de la vida de ambas escritoras se vio incluso en su escritura, pues a pesar de que leían los mismos autores y compartieron extensas pláticas hablando de literatura, sus estilos son tremendamente diferentes. ""Tuvimos una influencia recíproca, sobre todo de libros, intereses, entusiasmo por la literatura; pero, en realidad, como la vida de Rosario fue muy diferente a la mía, ella siempre empleó muchas figuras retóricas; es alguien que se ha educado sí misma en una tradición literaria. Yo, en cambio, traté de decir lo que creía del mundo y de mí misma, pero en una forma muy clara. Traté, ante todo, de tener claridad, por lo que no es visible la influencia literaria, más que la que te digo, de lectura"", aseveró Castro.

Aunque Dolores Castro tiene recuperados lúcidamente sus recuerdos y vivencias, no se olvida del presente y, en entrevista, platicó un poco de lo último que está creando: ""He estado escribiendo sobre la violencia; empiezo con un poema sobre el viento que aúlla porque ha visto la carne destrozada, la sangre derramada y el polvo vuelto polvo de los huesos. Tengo otro poema de lo que ocurrió en Chalco, en donde, materialmente, se ahogaron en pestilencia. Otro poema de una madre que encuentra a su hijo con el tiro de gracia; otro poema de una mujer en Ciudad Juárez a la que violan, sin satanizar a los violadores, que son gente violenta como todos, nomás que de pronto hacen cosas horribles.

""Luego, otro que se titula 'La danza de la muerte', que la bailaban en la edad media, y todo esto que sucede es como la danza de la muerte, ahí están todos bailando al ritmo de la metralla. Ahora, me falta hacer uno sobre los niños, más de 4 mil niños muertos en Ciudad Juárez; y el último será sobre la Tierra, porque parece que hasta la misma Tierra, de pronto, también se volviera violenta, con los mares que nos inundan, los temblores, los cerros que se desgajan... No suelo ser tan trágica, pero lo que está ocurriendo es trágico"", finalizó la octogenaria.

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