Resulta curioso —más bien significativo— el comprobar cómo a partir de finales de la década de los 50, la crítica literaria ha prescindido casi por completo de la denominación de poètes maudits que tan metódicamente había usado hasta entonces para la “pléyade” algo heterogénea de poetas que cubre la segunda mitad del siglo XIX francés.

Hemos querido ver en este hecho singular unas razones de base y, al mismo tiempo, intentar destacar las principales características de los componentes del grupo, todo ello con vistas, mayormente, a ofrecer una perspectiva preponderantemente pedagógica.

Sin lugar a dudas, el principal motivo de la difuminación en el tiempo del apelativo “maldito” viene dado por el carácter subjetivo y algo arbitrario de tal denominación. En efecto, los “poetas malditos” no formaron escuela. No nos hallamos ante un movimiento con sus características peculiares de grupo literario; no hay esquemas propios ni manifiesto del conjunto como tal y, lo que es más, muchos de ellos ni llegaron a conocerse.

No les unía una misma estructura poética sino una misma suerte, un mismo sino, una misma derrota en el poema cotidiano de la existencia. De ahí, la arbitrariedad de la denominación. La subjetividad viene patentizada al establecer el censo de los componentes.

Los poetas malditos son representantes radicales derivados del simbolismo. Ellos siempre han sido cuestionados por su modo de vida que implicaba drogas y alcohol, inclusive se les puede clasificar como parte del decadentismo. No obstante su obra va más allá de ese estilo liberal de vida. A través de esta sección se busca dar a conocer este grupo catalogado como Los Poetas Malditos.

El título proviene de la obra poética Les poètes maudits, escrita por Verlaine y publicada en 1888. En dicha obra se honra a seis poetas: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam y Pauvre Lelian (considerado un anagrama de Paul Verlaine). No obstante, este título prontamente comenzó a ser utilizado para referirse a diversos poetas simbolistas con talento y que mostraran incomprensión social, actitudes autodestructivas o provocantes y que, por ende, su poesía tuviera significados oscuros u ocultos.

Es decir, los poetas malditos fueron quienes incorporaron al mal como una constante presente en el hombre, y ese pensamiento fue altamente manifestado en sus poesías. El concepto de Verlaine del poeta maldito fue en parte tomado del poema de Charles Baudelaire llamado “Bendición”, el primero de su libro Las flores del mal.

El uso de esta expresión y del término malditismo se generalizó luego para referirse a cualquier poeta (o a un escritor de otros géneros o incluso a un artista plástico) que, independientemente de su talento, es incomprendido por sus contemporáneos y no obtiene el éxito en vida; especialmente para los que llevan una vida bohemia, rechazan las normas establecidas (tanto las reglas del arte como los convencionalismos sociales) y desarrollan un arte libre o provocativo.

Principales características de los poetas malditos:

n Incomprensión social: Rechazaban los honores y los valores de la sociedad.

n Textos oscuros: Sus textos tiene un alto nivel de codificación. n Liberales: Tendencia a la provocación, la transgresión y el abuso en el consumo de alcohol y drogas.

n Muerte prematura: Fallecieron en forma abrupta y temprana.

Entre los poetas malditos tenemos a:

n Arthur Rimbaud: Desde muy pequeño mostró un gran talento para la literatura, fueron marcadas de tono simbolista, está profundamente influenciada por Baudelaire, por su interés en el ocultismo, en la religión y en la exploración sobre el subconsciente individual. La vida licenciosa lo obligó a dejar por algún tiempo la poesía, viajó por Europa, se dedicó al comercio en el Norte de África y a su regreso a París, en 1891, ya había sido publicada su obra Iluminaciones.

n Obras destacadas: Poesías y otros textos; Una temporada en el infierno; Iluminaciones/Cartas del vidente; Poemas y Prometo ser bueno: cartas completas.

Stephane Mallarme

Fue un poeta y crítico francés, uno de los grandes del siglo XIX, que representa la culminación y al mismo tiempo la superación del simbolismo francés. Fue antecedente claro de las vanguardias que marcarían los primeros años del siguiente siglo. En un principio la obra poética de Mallarmé muestra la huella de tres contemporáneos ilustres: Théophile Gautier, Théodore de Banville y Charles Baudelaire. Pero pronto soltó amarras y desarrolló una obra poética tan breve como ambiciosa.

Inició, en la segunda mitad del siglo XIX, una renovación de la poesía cuya influencia se siente hasta nuestros días y que acabaría por trascender del simbolismo inicial hacia una estética más ambiciosa, relacionada con cierto impresionismo y el orfismo. Divulgó su nueva poética a través de la tertulia como la introducción del verso libre y la construcción del poema alrededor de un símbolo central. Fue uno de los pioneros del decadentismo francés.

Dueño de una sintaxis experimental, cuyo hipérbaton mezclaba construcciones inglesas y latinas, y de un ritmo y vocabulario poco comunes, creó poemas cerrados en sí mismos, lejos de cualquier realismo, donde el sentido proviene de las resonancias. En su poesía las sonoridades y los colores juegan un rol tan importante como los sentidos cotidianos que tienen las palabras, lo cual hace su traducción realmente difícil.

Obras destacadas: Herodías; La siesta de un fauno; Los dioses antiguos; Divagaciones y Una tirada de dados jamás abolirá el azar (su última obra y la más experimental).