El escritor y poeta Gilberto Piña nos habla en esta ocasión sobre el autor Aleksandr Sergueyevich Pushkin en la poesía rusa.Hablar de poesía implica necesariamente no solo el quehacer poético sino explicar también los fenómenos de la poesía a través de la historia. Uno de mis poetas favoritos, por supuesto, es Aleksandr Sergueyevich Pushkin.
Aunque no se precisa su fecha de nacimiento, se cree que fue entre el 26 de mayo-julio y el 6 de junio de 1799, en San Petersburgo, y la de su muerte, entre 29 de enero-julio y el 10 de febrero de 1837. Fue un poeta, dramaturgo y novelista ruso, fundador de la literatura rusa moderna. Su obra se encuadra en el movimiento romántico.
Fue pionero en el uso de la lengua vernácula en sus obras y creó un estilo narrativo —mezcla de drama, romance y sátira— que fue desde entonces asociado a la literatura rusa e influyó notablemente en posteriores figuras literarias, como Dostoyevski, Gógol, Tiútchev y Tolstói, así como en los compositores rusos Chaikovski y Músorgski.
Desde la primera novela leída de Pushkin, La hija del capitán, donde narra el histórico levantamiento de Purgachev en tiempos de Catalina, La Grande, a partir de ese momento mis juveniles impresiones se centraron en Purgavhev, personaje pícaro, bondadoso, seductor y rebelde, que encabeza la rebelión campesina en Rusia en el Siglo XVIII, con los cosacos del Don.
En la belleza de este primer libro, sin querer aproximarme a la poesía, lo hago de una manera radical a través de Pushkin, poeta ruso de gran renombre, que pertenece al romanticismo, quien me muestra la rebeldía por primera vez, a través de otro género que es la novela. Enamorado así de la trama del libro La hija del capitán, Pushkin abre el camino de una de las artes más intensas, donde más inteligencia se necesita: la poesía.
No es sino con su obra Eugenio Oneguin donde lo brillante de su pluma cobra sentido en la sensibilidad de uno de sus personajes, el mismo Oneguin, en quien se desatan las pasiones más intensas de un enamorado; en quien Pushkin, por decirlo de alguna manera, se desdobla en su personaje.
Las palabras cobran sentido a través de la musicalidad de la poética, el ritmo en el cual Pushkin da rienda suelta a las pasiones que posteriormente se vuelven frenesí poético a través de las palabras.
Son las palabras puerta y muro del poeta; al mismo tiempo, límite y escape. En el contexto de Pushkin, en una Rusia absolutista de los zares, surge en la obra de este poeta, el deseo libertario del absolutismo ruso con Borís Gudonov. Es ahí donde se revela el carácter indómito de los Pushkin contra el sistema absolutista.
Cobra sentido así la rebelión, no solo en el mundo imaginario de Gudonov sino también a través de la poesía, rebelión misma en donde el autor plasma su pensamiento y las acciones de su propia vida en lo poético, como todo genio. No es de extrañarse que el duelo con el francés d’Anthes, en el cual perdió la vida Pushkin, fue prácticamente auspiciado por el zar Alejandro I.
Tocar la obra de Pushkin sin el retrato de la estepa rusa, el desamparo del mujik, la melancolía que lo caracteriza… la ignorancia en la que se encuentra sumido y las críticas a las que somete a las altas esferas en la mayoría de sus obras; ejemplo de esta son Dubrovski, las historias de Didanka, entre otras.
Sirve el poeta ruso como ejemplo de lo poético, para explicar de manera tácita cómo la poesía se revela contra los órdenes del lenguaje. Órdenes que no logran representar la totalidad de lo real, que no llegan a los mundos internos que nos habitan. Todas las palabras tienen un límite y en ese límite se dibuja la poesía como posibilidad, como mirada que muestra, que alumbra lo que los significados no alcanzan a tocar en el lenguaje.












