En esta ocasión el poeta Gilberto Piña comparte la primera parte del ensayo “La poesía china: el alma y su estado, el corazón y sus deseos y la búsqueda de la felicidad”.Hay tres hechos que influyen decisivamente en la historia de la poesía china: la aparición del budismo, originario de la India, alrededor del siglo V a.C.; el confucianismo, originario de China, en el siglo VII a.C., que exploraba la armonía del ser humano con el cosmos mediante la introspección y el estudio de uno mismo; y muy especialmente la corriente del taoísmo, creada por Lao Tse en el siglo VI a.C. y desarrollada a partir del siglo II a.C., cuya esencia se halla reflejada en el Tao Te King, verdadera Biblia de este movimiento filosófico basado en la búsqueda de la paz interior, de la “inmortalidad” entendida como vida longeva en plenitud, a través de una existencia en consonancia con la naturaleza, de la autosuperación y el progreso como seres humanos, viviendo en comunidad con el entorno que nos rodea y a través de la contemplación, la relajación, el silencio y la meditación perseverantes. El Tao sería este camino, el sendero a través del cual se llegaría a alcanzar la armonía necesaria, el equilibrio, el orden más íntimo y, en suma, la felicidad.
La aparición de estas corrientes filosóficas y religiosas en general y del taoísmo en particular representó un influjo decisivo en todos los aspectos culturales de la antigua sociedad china. La poesía, como no podía ser de otro modo, no fue ajena a este hecho y muchos de los poetas se convirtieron en firmes y decididos taoístas, reflejando en sus obras estos sentimientos, los mismos deseos de búsqueda interior a través del profundo contacto con el medio natural, de la contemplación de sus excelencias, del cambiante paso de las estaciones del año en relación con el ciclo permanente de la vida, de la muerte y la renovación, de la decrepitud, la mudanza y el renacimiento.
En palabras de Alejandro Celma: “La búsqueda de la felicidad, a la que todos tenemos derecho, es algo inherente a la esencia misma del ser humano. Este ideal se sitúa por encima del tiempo, la distancia, la historia de las civilizaciones y las diferencias culturales. Como los antiguos alquimistas, todas las personas debiéramos estar en permanente búsqueda de aquella esencia última que nos permita llegar al utópico y casi siempre inalcanzable estado de felicidad, intentando deshacernos, poco a poco y a medida que pasan los años de nuestra vida, de aquellas cargas que nos lastran inútilmente.
“La poesía china, por sus especiales características, nos muestra unas enseñanzas cargadas de sabiduría y que sirven de brújula en esta permanente búsqueda de felicidad del ser humano. Los grandes poetas chinos han sido verdaderos maestros a la hora de recoger en verso la esencia de los temas de la existencia humana: el amor, la amistad, la lealtad, la búsqueda de ideales, el disfrute de la libertad, la unión del ser humano con la naturaleza o el continuo peregrinar de la existencia en la búsqueda de la necesaria paz interior. A través de estos temas se descubre que la poesía china es una auténtica ‘poesía del alma’.
“En el instante mismo de sumergirnos en un texto de poesía clásica china nos sentimos atrapados por una red etérea, volátil y delicada que nos envuelve y que eleva nuestro espíritu y a través de la que recibimos, con generosidad, una auténtica satisfacción íntima, sosiego espiritual, reposo, concordia y reconciliación entre nuestra mente y el mundo que nos rodea y que solo puede describirse cuando uno se siente verdaderamente identificado y en primera persona con los sentimientos y la sensibilidad del autor”.
La poesía china, en su muy larga evolución, ha sido de las más complejas que existen. En lo que respecta a sus características primordiales, cuenta con los elementos poéticos de otros idiomas, como rima, metalenguaje, ritmo, musicalidad, aliteraciones, juegos de palabras, metáforas, onomatopeya, etcétera. Pero ya en sus particularidades, se diferencia por la importancia del tono para conseguir diferentes significados. Está muy apegada a la peculiar música china que se liga más a las palabras que al sonido abstracto (es decir, música que parece reproducir palabras, “música que habla”). A veces se vuelve casi esotérica por sus únicas referencias culturales y convencionalismos (por ejemplo, la palabra “torre” sugiere intimidad o secreto; “yerba” sugiere libertad, “laúd” (pipa, en chino) sugiere elegancia…).
En fin, bástenos poner como ejemplo que un libro antiguo de preceptiva poética (titulado Ch’n Ting Tz’uu P’u) registra 2306 formas diferentes para rimar. Por supuesto que los chinos también cultivaron un género poético que utilizó el lenguaje directo, similar al epigrama latino. En la siguiente entrega (jueves 24 de diciembre), Gilberto Piña completará su ensayo sobre la poesía china.











