En esta ocasión el poeta Gilberto Piña aborda el tema “Los inicios de la poesía árabe: la música y el canto en el alma”.
La poesía iba siempre del brazo de la música. Homero acompañaba sus poemas al son de un instrumento musical tocado por él mismo. Son bien conocidos en la Edad Media los trovadores, que recorrían las regiones europeas recitando sus propios poemas en forma de canto.
Muchos de los poetas españoles de la Generación del 27 fueron poetas y músicos a la vez, como Federico García Lorca, que entonaba su poesía tocando su famoso piano, componía música para algunos romances, como el de “Las tres morillas de Jaén”; o nuestro amigo el llorado Gerardo Diego, que tocaba diariamente su piano. Nos es suficiente citar aquí dos célebres obras para convencemos de la hermandad que ha existido siempre entre la poesía y la música: el “Cantar de los Cantares” de Salomón y las “Cantigas” de Alfonso X el Sabio.
En cuanto a los árabes, su primer poeta al-Muhalhil cantaba también sus poemas. El poeta Imru’ al-Qays (500-555 d.C.) mencionaba, asimismo, el gusto de la gente al oír su canto. Abú al-Faraj al-Isbahání (897-963), que es el autor del mejor libro antológico de la poesía árabe desde que esta fue conocida, del siglo VI hasta el siglo X en el que le tocó vivir. Es muy significativo que el primer “ejemplar” fuese adquirido por el califa cordobés al-Hakam II, “El Sabio” (962-976). Y es más significativo todavía que el autor diera a su magnífico libro el título de Algani, es decir, “los cantos”. Cuenta que al-Sulayk b. al-Sulaka (m. 605) recitaba sus poesías cantando. ‘Alqamab. ‘Abdata al-Fahí (m. 603) cantaba sus poesías a los reyes gassaníes.
Había entre los árabes un canto popular denominado al-iludo, el canto que entonaban los árabes para acompañar la andadura de sus camellos, a fin de hacerlos caminar más deprisa, o para que no se cansasen en su continuo caminar atravesando el inmenso desierto. Denominarán al-inmd (canto) al recitado de sus poesías, puesto que siempre las recitaban cantando, como puede verse en la expresión del califa timar Úmar ibn al-Jattb (634-644), cuando pidió al poeta al-Nábiga al-Yu’adi (600-701): “Déjeme escuchar algo de lo que Dios te perdonó de tu ‘gina’ (canto)”, refiriéndose a sus poesías.
Ta’lab (815-904) dice que los árabes enseñaban a sus hijos a componer versos al compás de las famosas qasidas, pero sustituyendo sus palabras por otras, que sin perder la métrica no daban sentido ninguno a la frase. Este autor expuso esta idea al opinar también que el al-nasib (prólogo amoroso) lo tomaban los poetas preislámicos, primero para dictar, luego para contar y cantar temas serios y dejar la broma, con el fin de fortalecer a la juventud de su tribu respectiva y educarla en el dominio de sus propias pasiones.
En cambio Ibn Qutayba (828-889) explicaba el porqué de estos versos amorosos introductorios de casi todas las qasidas, diciendo que eran un reclamo de la atención de los oyentes, dado que el amor es lo que más atrae al corazón del hombre. Hay algunos autores contemporáneos que creen que estos versos amorosos al comienzo de la qasida son restos de un sistema poético antiguo, y por lo tanto es una costumbre. Entre ellos Guidi, que afirma: “Los poemas del siglo sexto (d.C.), dignos de admiración, indican que son fruto de un arte elaborado durante mucho tiempo”. Y advierte el Dr. Sukri Faysal que los otros temas tratados por los poetas preislámicos tenían un lugar secundario en sus poemas: “El amor es el tema principal, y sus pasiones son las que suscitan en el alma del poeta los otros asuntos”.
La propia excelencia del poeta Anlara (525-615) no estaba muy lejos de la poesía amorosa sino que precisamente el amor era su fuente y su fuerza motora. Personalmente me inclino por la opinión de lbn Rasiq al Qarawáni (995-1064). Para él, la poesía amorosa introductoria es un medio para el mismo poeta. Quiere decir que, además de desahogarse expresando su hubb (amor) y su bawh (coito), pretendía “calentar la garganta” para entonar su canto poético. Así pues, el poeta al-‘Asá al-Akbar (el Mayor, el Grande, el Mejor. m. 629) se llamaba “Sannáyat al-‘Arab”, es decir, el “Cimbalista de los árabes”, porque solía cantar sus qasidas al son de una sannaa (címbalo).
El poeta yahilí (preislámico) hablaba mucho en sus poesías de los cantos y de las yawarí (mozas cantoras) y de los instrumentos musicales. Por todo ello encontramos que la poesía amorosa ocupa gran parte de la poesía preislámica gracias al canto y a los cantantes. En nuestra opinión, el amor es al-qasíd (la pretensión del poeta) al componer su qasfda (casida, poema), para ser luego musicalizada y cantada. Además, el poeta árabe creía que en la mujer existía una potencia mágica y ondas bélicas que influían en el alma y en el cuerpo simultáneamente. De aquí que la relacionaba con la naturaleza la veía reflejada en ella hasta tal punto que el arabista Guidi calificó a esta poesía de romántica.
Desde los tiempos preislámicos las gentes de al-Hiyáz, especialmente en su dos grandes ciudades: la Meca y Yalrib (Medina), fueron siempre muy propensas al cante y a la música, y con frecuencia traían a las qiyan (maestras artistas) y los cantantes para solazarse con su voz y gozar su danza y música. Táhá Husayn dice que al-Hiyáz es la fuente del movimiento de afición por el canto que, partiendo de esa región, se extendió hacia Siria e Irak.
Cuenta el autor de al-Agani que las gentes de Medina encargaron a una qayna que cantara una qasida del poeta al-Nábiga al-Dubyanl (m. 604) en su presencia durante su visita a esta ciudad. Uno de sus versos tenía el defecto iqwa. Nada más al darse cuenta el poeta de este fallo suyo, lo corrigió enseguida. Cuenta también el mismo autor que en la Meca había dos cantoras que habían sido importadas de Persia por ‘Abd Alláb b. Yúdan, y estas entretenían a la gente con sus melodías.
Esta es una breve mirada a los inicios de la poesía árabe, pero sirva nuevamente para decir: ¡salud, bohemios!











