De lo poético

El escritor, poeta y ensayista Gilberto Piña Vela. Cortesía
El escritor, poeta y ensayista Gilberto Piña Vela. Cortesía

Poeta oriundo de la colonia Calzada Larga, en el municipio de Villaflores, Chiapas. Entre sus obras publicadas se encuentran Hermenéutica y C. Sociales (FES Acatlán, UNAM, 2004), Poesía y palabra, Revista El Perro Azul y De Dickens y otros cuentos.

Carta urgente para todos

Usted no sabe el coraje de un poeta que nadie lee, de alguien que hace versos y que los lanza al aire; que en resistencia a todo lo que se vende hoy en día, porque sepa que todo tiene precio y se vende al mejor postor. Que todo tiene cara de color amarillo, que hasta el golpe de la pluma más fina tiene precio. Usted, que podría saber o no saber los versos de Francisco de Quevedo Villegas: “Es hermoso, aunque sea fiero,/ poderoso caballero/ es don Dinero”.

Estimado lector desconocido, esta es una carta de protesta y de amor; una carta de protesta en contra de vender el alma, y de amor por conservar puro ese sentimiento hacia el hecho de construir versos, donde las esferas del dinero y el poder no pueden llegar.

Vienen a mi cabeza los versos de Rubén Darío en “Los motivos del lobo”, y como lobo comienzo “a me alimentar, a me defender”; como ese lobo que medita su actuar en un mundo de poder, así medito mis letras en la soledad que este sistema me depara, como nos lo depara a cada uno de nosotros.

Así, día a día en esta pandemia que nos separa de los otros; en esta pandemia que nos duele, y que nos duele doblemente porque vuelve más pobres a los ya pobres y a los otros, los que no son pobres, los vuelve miserables. En este sentido, como pensador, me detengo… Y la idea de no abrazar a otro ser humano, de negar el contacto más vital que tenemos, el simple hecho de extender una mano y saber que habrá del otro lado otra mano que se extenderá a estrechar la mía, pero hoy no existe esa posibilidad.

Lo mismo sucede con los versos que escribimos semana a semana; no son versos que se venden, tampoco son versos que elogian a los poderosos, no son lisonjas para los oídos de quienes detentan el poder. Son versos que nacen en mi memoria, en la memoria también de otro poeta que me acompaña y publica conmigo, por necesidad, por valentía, por impulso y sobre todo, querido lector, por resistencia.

En la bofetada de aquel que sale a la calle y no usa cubrebocas. En ese golpe del que se reúne en fiestas sin pensar más que en el goce efímero. Sí, de esos imbéciles que golpean, que nos golpean como lo hace aquel que privilegia la apertura económica antes que la vida humana. En estos tiempos de pandemia donde vemos el poder del dinero a través de una democracia que no privilegia la vida, que privilegia la plusvalía.

Aquí sentado sobre el borde de mi casa como frontera, cercado por doquier por el virus, van mis versos como mano que se extiende, como abrazo negado; así van mis palabras, como resistencia a estos días de lo absurdo, de lo bárbaro, de lo necio, de lo terco. Tú que estás enfermo y que aspiras aire como la vida misma, con todo el dolor y la ansiedad que causa la asfixia, ¡no estás solo! Tú que luchas día a día con tu bata blanca, si eres médico, enfermera, camillero, tú que estás en primera línea de lucha y que no rehusas el combate, que haces acopio de todo tu valor, porque hay que ser valiente para dejar a tu familia y cumplir con tu deber al atender a un extraño. ¡No es en vano tu sacrificio!

A ti, estudiante, que abandonaste a la familia por buscar en el destino incierto una posibilidad de cambio. A ti que te desgarraron por dentro y por fuera. Que en tus entrañas tiernas buscabas de tu alma máter pan y cobijo. ¡A ti que también te arrancaron la vida! A ti, que te han marcado a golpes, como el martillo al cincel; que no estás segura en tu casa porque esta pandemia te hizo presa de lo monstruoso que habita en el otro, del cobarde ese que te maltrata.

A ti, que la edad ya no te permite caminar con la prisa con la que caminaste en tus abriles, porque el invierno llego a tu jardín. A ti, que estás solo en tu casa. A ti, que nadie te conoce, que te has quedado dormido en el camino del guerrero, ¡no hemos de olvidarte! A todos que estamos presos sin estarlo. A todos los saludo, los abrazó desde el dolor, desde la esperanza, desde la poesía. No hemos de olvidar, no han mis versos de olvidarlos.