"Sara Regalado * CP. Estuvieron cerca de dos meses recorriendo las calles de Tuxtla Gutiérrez, pero, el domingo, la Virgen del Rosario, la Virgen de Olochea y la Virgen de la Candelaria regresaron a su casa, a su ermita, a Copoya. Salieron desde temprano. Desde la calle Nakúm, a unos metros del Teatro de la Ciudad, salió la procesión, de por sí numerosa, y que paso a paso iba sumando feligreses. Siguieron por toda la calle 5S Oriente, de norte a sur, hasta llegar al Libramiento. Habían recorrido ya la mayor parte del trayecto, pero les esperaba el tramo más pesado; sin embargo, los caminos de subida constante y empinada que llevan a Copoya, a esas alturas y con el sol de mediodía, no detuvieron a los devotos.
Por otro lado, quienes ya los esperaban en la ermita, a la entrada de Copoya, se encontraban ultimando los preparativos. Las senoras preparando las ollas de pozol blanco y de cacao, sazonando todavía el caldo de res, con cebolla y col, y meneando la olla de menudencia picada con caldo de jitomate, para que no se pegara en la cazuela.
También las enramas seguían llegando, los encargados del incienso las recibían y acomodaban en el altar, donde ya estaba dispuesto el Nino Redentor del Mundo.
Ahí no había tiempo, las senales eran los cuetes, los tronidos en el cielo. ""zA qué hora llegarán las vírgenes?"" -""Saber; todavía han de ir retiradas, no se oyen los cohetes"", se oía comentar a las senoras que pacientes esperaban con sus ramos. De repente, los tronidos y el ""?ya vienen!"". Parachicos, tamborileros, flautistas y los mayordomos abriendo camino a las vírgenes envueltas en hojas. A partir de ahí, fue fiesta para todos.
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