En medio de un valle, rodeado por la imponente sierra coahuilense, se encuentra este encantador pueblo de callecitas blanqueadas por el sol. Al adentrarte en sus rincones descubrirás pequeñas casas de puertas antiguas que esconden patios sombreados, personajes portando amplios sombreros, automóviles antiguos y bien conservados, y alguno que otro minero de grandes bigotes.
Pero la magia de esta villa colonial no sólo reside en su tranquilo aire provinciano, sino también en la grandiosidad de sus paisajes naturales y las actividades que ofrece, como excursiones en dunas de yeso. Y es que, a sólo unos pasos del poblado, se encuentra el Área Natural Protegida de Cuatro Ciénegas, descrita por biólogos expertos como “uno de los oasis más peculiares y hermosos del mundo”.












