Descubren templo dedicado al dios Ehécatl

Los vestigios fueron hallados en pleno centro de la Ciudad de México. Cortesía
Los vestigios fueron hallados en pleno centro de la Ciudad de México. Cortesía

El arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma explicó que en el predio de Guatemala número 16, del actual centro histórico de la Ciudad de México, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron el templo dedicado a Ehécatl, el dios del viento en la Gran Tenochtitlán.

El gobierno de la República refrendó su compromiso en favor de la protección de todo el patrimonio arqueológico de México, al tiempo que señaló que en los recientes hallazgos está una cancha de juego de pelota en la que, según crónicas antiguas, jugó Moctezuma.

Matos Moctezuma explicó que a través del Programa de Arqueología Urbana (PAU), en distintos lapsos se ha efectuado la liberación del edificio dedicado al dios mexica del viento, de más de 30 metros de longitud.

“También se descubrió una plataforma de nueve metros de ancho, delimitada por el cabezal poniente de la cancha del juego de pelota”. A escasos centímetros del excepcional descubrimiento, mencionó que en los últimos siete años, el PAU ha identificado a plenitud esa edificación, estructura rectangular de 34 a 36 metros de longitud que en su parte posterior tiene adosados dos cuerpos circulares, el mayor de 18 metros de diámetro, y se encuentran separados por un andador de 1.10 metros.

Añadió que durante las labores en Guatemala 16, a espaldas de la Catedral Metropolitana, el PAU descubrió también una plataforma de nueve metros de ancho limitada por el cabezal poniente de la Cancha del Juego de Pelota. En este espacio, alineado al adoratorio del dios guerrero Huitzilopochtli (el cual junto con el dedicado a Tláloc se hallaba en la cima del Templo Mayor), se detectaron restos de una escalinata por donde debieron ingresar los combatientes a la cancha ritual.

Los dioses mexicas combatían entre sí, pero también se tendían la mano, y los templos de México-Tenochtitlán expresaban esa simbiosis. Frente al adoratorio de Tláloc, deidad fecunda que residía en el Templo Mayor, estaba el Templo de Ehécatl, divinidad que con sus vientos benignos barría los cielos y atraía la lluvia, informó el arqueólogo Raúl Barrera, del INAH, quien en 2010 halló estos vestigios de más de 500 años de antigüedad.