La periodista de La Jornada María Rosa Palazón Mayoral escribe: “Estamos de manteles largos no sólo por el cuarto centenario de Cervantes, sino también por ser el bicentenario de El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano. El Periquillo... es un libro influenciado por Don Quijote. Este Perico es un libro de consejos”.
Januario, uno de los personajes malandrines, afirma que en 1816 los bigotes ya no se usaban, y menos deambular por estas tierras de Dios aconsejando, mensaje que le había dado Sancho Panza a su amo don Quijote, que andaba rutas enteras para predicar sobre las prácticas sociales que harían un mundo mejor.
Don Quijote de la Mancha y El Periquillo Sarniento (cinco libros destinados a la educación) fueron escritos en la cárcel. ¿Por qué José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) lanzó al mundo la primera novela de Latinoamérica desde la prisión de Ciudad de México en 1816? acá la respuesta: en Cádiz, en 1810, se decretó la libertad de imprenta, y como las buenas noticias viajan en barco lento, arribaron a la Nueva España en 1812. Hubo un ingenuo que se la creyó: ahora se hablaría claro, directamente, sin hipocresías, al modo de Sócrates en el mercado o en el Ágora, y Lizardi se lanzó al ruedo con su periódico El Pensador Mexicano, el primero de autor único que, además, dio entrada a quienes no tenían acceso a la prensa.
En el número 5 del tomo i, criticó de frente a la Inquisición. La libertad se suspendió. El necio Pensador (ahora lo usa como seudónimo) siguió habla y habla, critica y critica en folletos. Total, su destino fue la prisión. Allí escribió El Periquillo.
La literatura se compromete con todo, menos con la realidad corrupta, en este caso con la corrupción de la enorme colonia llamada Nueva España. Esta fue la oferta, pero la cosa de la recepción fue más seria: con fantasía y exageraciones, o hipérboles, escribió cinco libros de educación para los jóvenes; luego pocos o casi nadie ha leído toda la novela en cuestión.












