La unión hace la fuerza. Es la consigna que el economista argentino Eduardo Costantini comprendió pronto: sumó el arte mexicano, el brasileño, el cubano y el argentino para constituir una colección de la plástica latinoamericana. Un acervo que diera visibilidad al arte de naciones de menor presencia internacional. Y cuatro décadas después es el creador de uno de los principales cuerpos de obra de América Latina.
Su tarea fue reunir piezas con valor histórico-cultural para la región y que formaran una “unión fuerte y visible” del arte latino. “En la década de los 90 como región teníamos poca visibilidad, Argentina mucho menos porque es un país más chico y está más lejos del centro. Esa unión hizo que la colección tuviera un reconocimiento como conjunto”, explica en entrevista uno de los mayores coleccionistas del modernismo latinoamericano. Esa obra plástica que hoy se cotiza en millones de dólares.
De esta fórmula, el empresario afirma que el elemento más importante es el mexicano. Al menos para él, para su acervo: “Creo que es una declaración fuerte pero tal vez México tenga los artistas más importantes de Latinoamérica. Para empezar su muralismo es la escuela más importante de la región, y la prueba está en que influenció a Estados Unidos”.
La afirmación no es vana. Costantini confiesa su amor por el arte mexicano. Un amor compartido entre Frida Kahlo y Diego Rivera. De la primera resguarda Autorretrato con chango y loro que compró en 1995 por tres millones de dólares. Del segundo, adquirió Retrato de Ramón Gómez de la Serna, y en marzo pasado pagó 15 millones 750 mil dólares por El baile de Tehuantepec. Por esta pintura al óleo esperó 20 años.
En las bodegas del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), que fundó en septiembre de 2001, también conserva pintura de Remedios Varo, David Alfaro Siqueiros, Agustín Lazo, Miguel Covarrubias, Luis Ortiz Monasterio, y de contemporáneos como Francis Alÿs.
“La estrategia de la colección no es una escuela, no es un tipo de arte, no es el arte geométrico, sino toda forma de expresión latinoamericana con tal que las piezas tengan un valor significativo y uno pueda hacer esa lectura de la historia del arte latinoamericano”, reafirma quien visitó México por primera vez en 1994.












