Eiza habla de su trastorno alimenticio

Eiza habla de su trastorno alimenticio

Eiza González se sinceró a través de sus redes sociales y recordó los problemas alimenticio que atravesó durante dos épocas complejas de su vida. La actriz indicó que, abrirse y contar lo que enfrentó, le parece importante para incentivar a otras personas que, como le sucedió a ella, se ven afectadas por la presión social y el deseo de aprobación y validación de los otros.

Múltiples batallas

Eiza González impactó con gran resonancia, pues se trata de la primera vez que la actriz mexicana aborda la situación públicamente. De hecho, confió que, si se había decidido a compartir su experiencia, relacionada a su lucha por dejar atrás los malos hábitos que un día formaron parte de su vida, era porque esa acción se convertía en un recordatorio, para sí misma, de que está en el camino correcto, pues también reconoció que es una batalla constante y que no ha conquistado al cien por ciento.

Eiza rememoró que sus problemas alimenticio se detonaron con la muerte de su padre, don Carlos González, cuando la joven tenía apenas 12 años. “Durante la mayor parte de mi vida, la relación con mi cuerpo ha sido complicada; comenzó a temprana edad, con la muerte repentina de mi padre, cuando lidié con la depresión comiendo compulsivamente, intentando calmar un dolor que no había procesado. A los 13 años, había aumentado 30 libras —equivalente a los 13 kilos—, casi de la noche a la mañana, lidiando con el duelo, la pubertad y la confusión, todo a la vez”, compartió.

Luego de un tiempo, la joven se reestableció, hasta que, con 15 años, comenzó a darse a conocer, en la búsqueda de dedicarse a la actuación y, el escrutinio público, junto con las críticas por su aspecto, la llevaron a que su relación con la comida y su apariencia física se recrudeciera nuevamente.

“A los 15 años, de repente fui empujada a la mirada pública, cada parte de mí fue diseccionada, cada detalle criticado y, todo el mundo, parecía tener una opinión sobre mi cuerpo, acerca de quién era yo y quién debería ser; ese nivel de escrutinio alimentó, naturalmente, una profunda autodismorfia y me envió por un camino doloroso, me obsesioné, pesándome constantemente, midiendo mi valor en libras, preguntándome si perder más (peso) haría que la gente me quisiera, o que yo me quisiera a mí misma”, contó.

La actriz recordó que eso no sucedió y ella continuó respondiendo a su deseo de ser validada, orillándose a un estado físico y emocional muy vulnerable.