"Fabián Rivera * CP. Por las calles de la capital chiapaneca corre un viento bastante peculiar, que trae el olor de la flor de cempasúchil, el incienso, el estoraque, entre otros aromas que anuncian una de las fechas más esperadas, el Día de Muertos.
Además de los rezos, el repicar de las campanas, el aire de luto y festividad entremezclados, uno de los elementos más importantes y que forman parte de la intimidad de las familias es sin duda el altar de muertos.
Un verdadero mosaico de múltiples colores, un festín ""barroco"" erigido a partir de diversos elementos, y según cuentan nuestros abuelos o nuestros padres (que adquieren la potestad del festejo, conservando la memoria que a la vez sus padres lograron transmitirles), los altares son exquisitas mesas que contienen ofrendas para recibir a los seres queridos que ya murieron.
Las ofrendas son variadas, y generalmente, el altar contiene lo que más gustaba en vida al familiar fallecido: comidas especiales (mole, tamales, cochito, entre muchas otras); bebidas (pozol, tascalate, pinole); dulces tradicionales (suspiros, chimbos); y de igual forma, se le consienten vicios como el trago y el cigarro. Por supuesto, no podría faltar un vaso de agua, porque seguramente traen sed del más allá.
Y es curioso, pero tal parece que los muertos realmente bebieran de este vaso, que con el paso de las horas va registrando menos contenido, quizá por causa de la evaporación o bien porque los muertos realmente están sedientos.
La mesa es se ornamenta con manteles, juncia, cirios y veladoras, papel de China picado, sahumerio y estoraque, imágenes de santos, y por supuesto, fotografías de familiares fallecidos, entre muchos otros elementos y detalles.
Sobre la significación de los altares, el Consejo de la Crónica Municipal de Tuxtla Gutiérrez apunta: ""Los altares deben ser de tres escalones: el primero representa el padre; el segundo, el hijo, y el tercero, el espíritu santo"".
""La luz de las velas ilumina el camino de llegada y de regreso al más allá de las almas, para su eterno descanso. Las velas blancas representan cada una de las personas fallecidas; si son velas grandes, representan a una persona adulta (alma grande); sin son chicas, representan a niños o jóvenes (alma chica).
""El 1 de noviembre se reúne la familia para velar las velas a partir de las 6:00 de la tarde. Niños y adultos permanecen estáticos, callados, temerosos. Se escuchan unos gritos: ¡calabacita, tía!... ¡Que viva la tía!..."".
Un año más tendrán que esperar las calaveritas y demás dulces tradicionales, una vez pasada esta fecha. Ese aire entremezclado de festividad y luto se guardará en la intimidad de cada calle y cada casa. Los muertos volverán a su reposo eterno con un buen sabor de boca.
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