El arte de crear músicos para orquestas

Durante el concierto del séptimo aniversario de la agrupación. Carlos Mario Melchor
Durante el concierto del séptimo aniversario de la agrupación. Carlos Mario Melchor

Desde el 2002 la Orquesta Sinfónica de Chiapas (OSCH) trabajó con niños y jóvenes en la parte formativa para que integraran la Orquesta Sinfónica, la cual pasó a ser profesional en 2009, recuerda el maestro Roberto Peña Quesada, director de este grupo.

Rememora que la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca llegó al estado de Chiapas en 2010, por lo que junto a la Escuela de Música tomaron la iniciativa de formar músicos, por lo que ahora, 7 años después, Peña Quesada afirma que estas dos escuelas están haciendo muy buen trabajo.

Explica que tras el recorte de trabajadores del Coneculta que afectó a los integrantes de la OSCH, llegaron 12 músicos formados en las anteriores escuelas a reforzar la alineación musical, principalmente de la sección de metales: trombones y trompetas; por lo que ahora está sección es nueva.

Si bien es cierto que se sufre en la parte de la experiencia, destaca que los jóvenes tienen la madera y el oído musical, por lo que la Esperanza Azteca y la Escuela de Música fueron buenos semilleros que ayudaron a sacar adelante el proyecto de Peña.

“Efectivamente, están trabajando y tenemos como a unos ocho integrantes que vienen de la Esperanza Azteca y otros buenos que surgieron de la Escuela de Música, que están haciendo muy buen trabajo formativo”, dijo el maestro al finalizar Lo mejor de Cinema Sinfónico.

Rodrigo Díaz Bueno

Cuarto Poder tuvo el acceso para asistir a la parte final de uno de los ensayos de la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca, en la 3ª Oriente número 142, antes de presentar el concierto con motivo del séptimo aniversario de la agrupación.

Ahí Rodrigo Díaz Bueno se encontraba detallando los sonidos de las piezas que ejecutarían al día siguiente en el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa.

Dijo que durante el concierto presentarían a la nueva generación de músicos, como se hace cada año, e informó que se tienen en funcionamiento 5 orquestas: nivel primero, nivel segundo y nivel propedéutico, y de los niveles primero y segundo tienen los turnos matutinos y vespertinos.

En especial, el debut de la orquesta de este año, que es la número 7, le gusta mucho porque hubo una renovación en la plantilla de los maestros, pues el nivel propedéutico necesita tener instructores altamente profesionales para cumplir con el objetivo de formar a músicos desde cero hasta que sean licenciados.

“De momento no se tiene aquí en Chiapas la licenciatura de Música, por lo que los alumnos deben viajar al estado de Puebla, donde se tiene la carrera que oferta la Fundación Azteca, pero la intención es tener la licenciatura en Tuxtla para brindar los estudios necesarios a los alumnos del propedéutico de la región que va desde Cancún hasta Coatzacoalcos”, señala Díaz.

De igual forma, compartió que de momento el proyecto de Esperanza Azteca crece: en este momento cuenta con un total de 86 grupos funcionando a lo largo del país, además de Los Ángeles, Nueva York y el Salvador.

Resaltó que en estos momentos ya hay elementos formados en esta escuela tocando en importantes orquestas. Resalta el caso de una joven que toca en Dublín, además de otros tres que prestan sus servicios a la UNAM, la Universidad Autónoma de Toluca, Universidad Veracruzana y otros grupos.

En ese contexto, abunda que hace poco se llevó a cabo un concierto para el cual convocaron a los mejores músicos del estado y en el que tocaron piezas como “1812” de Tchaikovsky, que tiene un peso mayor pero que los jóvenes pudieron ejecutar de gran forma.

Formación de músicos

Rodrigo Díaz Bueno afirma que el maestro Peña Quesada ya recibe a alumnos que saben escuchar, que están acostumbrados a tocar todos los días en conjunto, pues a diferencia de las universidades, los chicos de Esperanza Azteca son adiestrados para tocar en equipo y no como solistas.

“Un alumno va a estudiar a una universidad cualquiera, recibe clases de instrumentos, quizás a lo mucho dos veces a la semana y varias más teóricas y se supone que va estudiar a su casa, y no pasa así. Nosotros hacemos lo contrario, les decimos a los chicos: ‘esta es tu casa, aquí vas a estudiar con todos’. Nuestra formación no es individualista sino que es grupal, son chicos que desde el principio saben estar ya en una orquesta, saben estar callados, saben ver a un director y entienden el ritmo, saben afinar con otros compañeros”, expone.

“Por ejemplo, si tocas la viola y estás en un grupo de doce violas, tienes que conseguir que la nota que tú tocas sea exactamente la misma que todos los demás, pero no solo eso sino que además esa nota forma parte de un acorde que vas a tocar junto con los segundos y primeros violines, violonchelos y contrabajos, cada uno da una nota distinta, pero todos juntos hacen como si fuera un acorde de piano que debe estar completamente afinado.

“Y eso además lleva un ritmo de un director y ese director lo mueve porque la música clásica no es exacta sino al contrario, lo interesante es que el pulso no se muera. Claro, tener los oídos así de abiertos tocando tu instrumento y leyendo una partitura no es nada sencillo y la formación tradicional los forma a todos para ser concertistas, que solo hay uno entre un millón”, expone Rodrigo.

Díaz Bueno cuenta la historia que vivió de cerca con su maestro, el instrumentista Asier Polo: “Cuando estudiaba bajo la tutela de ese español había un chico más pequeño que era hijo de un violonchelista de la Orquesta Nacional de España y de una maestra educadora musical que implementó un sistema educativo para que los niños tengan el oído absoluto desde temprana edad, y esa pareja formó en ese entonces a un niño que se llama Pablo Fernández, hoy en día el siguiente concertista español que surge casi 25 años desde el último. Es decir, que son pocos los que logran ser solistas”.

“Imagínate que los músicos son educados para ser solistas, pero solo pocos pueden hacerlo, entonces, con sus egos tienen que hacer la misma nota juntos; no lo hacen, se están peleando todos los días, todos buscan un timbre del instrumento que no empasta”, dice el director de Esperanza Azteca.

“Las mejores orquestas son las que están formadas por gente que ama tocar en una orquesta desde el principio y no los que querían ser solistas y no lo consiguieron. Entonces el maestro Peña recibe alumnos formados en ese sistema con chicos de 18, 17 años que sabe tocar en grupo”, finalizó.