El arte nos vuelve más humanos: Bazán

“Yo creo que el arte nos vuelve más humanos”, dice Carlos Bazán (1993), artista originario de San Cristóbal Suchixtlahuaca, Oaxaca, cuya obra se ha exhibido en Texas, Nueva York, Barcelona y París. Bazán, quien actualmente participa en una exhibición de Totalplay para sus empleados, cuenta en entrevista cómo inició su carrera, el valor de abrazar sus raíces y la importancia de llevar el arte a las comunidades para impulsar nuevos talentos.

El artista oaxaqueño se presenta a sí mismo como “hijo del paisaje”, descripción que encaja con el estilo que maneja en sus obras, como los elementos mágicos que lo han acompañado desde su infancia, como los nahuales, forman parte de las series pictóricas que realiza; temas como el amor, representado a través de aves, y la dualidad de la vida y la muerte son los temas que más le interesa al artista plasmar.

“Eso es con lo que he estado en contacto siempre, es lo que me ha abrazado desde niño; siempre he dicho que somos el reflejo de nuestro entorno y yo he estado rodeado de magueyes, nopaleras, cactus, xoconostles, es por eso que para mí fue muy fácil transportar esos escenarios y personajes a mi trabajo pictórico”, dice.

Este ecosistema, junto a un toque surrealista, es característico de la obra de Bazán, obra que lo ha llevado a exponer en solitario en más de 30 ocasiones y a trabajar con Disney para el diseño de publicidad del remake de la serie Party of Five. El artista reconoce que el tema de sus raíces le ha valido su originalidad y éxito mundial, sin embargo, no siempre fue su apuesta.

“Cuando comencé a pintar hace unos 14 o 15 años no era así. Sí estaba en contacto con mis raíces, pero como muchos, empecé imitando lo de otros países, sin ver todo lo bello que me rodea. De unos cinco años para acá es que quise abrazar mis orígenes, mi identidad… Lo original parte de donde venimos”, cuenta.

Bazán afirma que su relación con el arte se dio de forma muy natural, pues desde niño él sabía que quería ser artista y se aferró a su sueño. A lo largo de su formación escolar, siempre mantuvo su hábito pintar. Ya en la universidad, se armó de valor para perseguir sus ambiciones y optó por dejar sus estudios.

“Desde pequeño, mis padres nunca me cortaron ni me dijeron ‘no lo hagas’. Pero en un pueblo es difícil vivir siendo artista, por eso me insistían en que estudiara una licenciatura, y también por el desconocimiento que se tiene sobre hasta dónde puede llegar un artista, por el mismo tema que en el pueblo hay muy pocos pintores”, explica Bazán.

Por fortuna, las ambiciones de Bazán no solo lo llevaron a exponer fuera de su pueblo, sino que su arte traspasó fronteras y cruzó océanos. Su primera exhibición fue en Miami, la cual logró gracias a que su obra se difundió de voz en voz, con el apoyo de su familia, quienes “de boca en boca (hablaron de mi obra) con mis tíos, y mis tíos con sus conocidos y así fui poco a poco saliendo a las ciudades de Oaxaca, y así me fueron invitando a la Ciudad de México, Puebla y Monterrey”.