“El Chicote” murió sin dinero

“El Chicote” murió sin dinero

Armando Soto La Marina, conocido en el mundo artístico como “El Chicote”, llegó a ser más famoso que Mario Moreno, “Cantinflas”, en las carpas, su talento innato lo llevó a figurar en el cine de la Época de Oro, donde fue el fiel amigo de Jorge Negrete y también de Pedro Infante, y aunque trabajó durante 50 años, murió sin dinero y poco asediado por la comunidad artística.

“El Chicote” tenía 77 años cuando falleció; junto a Jorge Negrete protagonizó películas como No basta ser charro (1945), Me he de comer esa tuna (1945), Hasta que perdió Jalisco (1946) y Jalisco canta en Sevilla (1949); como buen amigo, era él su principal fan cuando Jorge se ponía a cantar. “Ora sí, manitos, preparen los rifles, que cantando este, hasta los bandidos se dejan venir nomás pa’ oírlo”, dice en Hasta que perdió Jalisco, donde interpretó a Meladio.

Inicios de su trayectoria

“El Chicote” inició su carrera en 1927 en una carpa en la que cantaba, hacia sainete, trozos de zarzuela, dramas y comedias. Fue el primer torero bufo y un verdadero ídolo del llamado teatro frívolo, se dijo que llegó a ser más importante que “Cantinflas” en los años 30, que el público lo prefería.

Mucho se dijo que el cine devaluó a “El Chicote”, pues en la pantalla grande encarnó mayoritariamente a peones al servicio del personaje principal, como lo fue Jorge Negrete; aunque era un artista completo, lo delimitaron en el papel de un escudero, un acompañante del charro héroe.

Su primera película fue La tierra del mariachi, mientras que la última en la que participó fue El coyote emplumado (1983), una clásica comedia mexicana dirigida y protagonizada por María Elena Velasco, “La India María”.

Despedida

“El Chicote” murió el 20 de marzo de 1983. Le detectaron un aneurisma en la aorta y presentó complicaciones en los riñones. En el hospital lo acompañó su esposa, la tercera que tuvo y quien le dio ocho hijos: Rosa María, Armando, Martha Leticia, Jorge Alberto, Martín, María Elena, Verónica y Víctor Ramón.

Su hijo Armando contó que su padre jugaba dominó con sus amigos cuando comenzó a sentirse mal; relató que de las cosas que últimamente le gustaba hacer era reunirse con la familia o sus amigos para jugar dominó hasta altas horas de la noche.

Sus hijos lo recordaron como un hombre noble y humanitario, no solo con el prójimo sino también con los animales; Armando, su hijo mayor, describió a su padre como una persona sencilla, hogareña y que llevaba años sobrio, aunque admitió que sus excesos lo dejaron sin dinero al final de su vida.

“Muchos piensan que seguía bebiendo, pero no era así, tenía diez años que no bebía una sola copa. Hizo una manda a la virgen de Guadalupe y cumplió; nada de vino, pues sabía que toda la fortuna que pudo haber reunido en sus más de 300 películas en las que participó y las presentaciones personales en el interior del país a lo largo de 56 años de carrera artística, la había despilfarrado por causa del alcohol”, contó.

Horas antes de su muerte, se veía que Armando Soto moriría pobre, con una casa en Neza, un coche viejo y muchos amigos.

Querido por todos

“Tenía amigos de todas partes, en particular aquí en Neza lo admiraba toda la gente, incluso había muchos que iban a pedir que se le pusiera su nombre a alguna de las calles de la colonia donde vivimos”, refirió.

Después que dejó de beber, “El Chicote” se volvió vegetariano, para ese entonces había perdido la dentadura y la era dificultoso masticar alimentos sólidos. Sus amigos lo recordaron en sus mejores tiempos como una persona con dinero y alegre que le gustaba ir a bailar a los centros nocturnos y ahí gastaba dinero “de a montón” y no le interesaba despilfarrarlo, aunque muchas veces las mujeres con las que bailaba se pasaban de listas y lo bolseaban.

Detrás de las cortinas del teatro, sus colegas hacían comentarios de sus romances con las vedettes, una de ellas, en el tiempo de “las exóticas”: la exuberante “Kalantán”, una bailarina de origen estadounidense que consiguió popularidad en México a inicios de los años 50. Fue famosa, casi igual que “Tongolele”.

“El Chicote” atribuía su debut en la pantalla grande a una parranda que tuvo con con Carlos Rivas conocido como “el poeta de la arrabal”. En una cantina comenzó a convencerlo de la bonita vida en los estudios Chapultepec: tardó siete botellas y que amaneciera.

“Gané el papel porque era un cómico que sabía montar”, decía Armando Soto La Marina, alias “El Chicote”.