El desfile de la Fiesta Grande

"Fabián Rivera * CP. Los atardeceres de Chiapa se caracterizan por su luminosidad y transparencia. La tarde del martes 22 de enero no fue la excepción. Cientos de curiosos prepararon su lugar para ser parte del evento culminante de la Fiesta de Enero: el tradicional desfile de carros alegóricos.

Las miradas, los corazones estaban a la expectativa. Una mezcla de alegría y tristeza se notaba en el aire. Llegaba el momento tan esperado por todos, el arribo de los personajes de la fiesta, unidos todos en un mismo caudal; llegaba el momento de decir adiós a la celebración y esperar un año para festejar nuevamente.

Poco después de las cinco de la tarde, el grito de las chuntás rompió el suspenso. Entonces apareció el temido ""abrecampo"", que pedía una vez más a los visitantes que dieran paso a la comitiva que se acercaba.

Con el camino limpio, las chuntás hicieron de las suyas, gritando y lanzando dulces a quienes observaban desde su propio sitio el paso de la fiesta. Las chuntás compartiendo el trago, bebiendo de la misma copa y bailando al son de tambor y carrizo.

Gritos, vivas y una gran dosis de ""arrechura"" fueron lo necesario no sólo para marcar el territorio, sino para confundirse completamente con el público.

Terminado el paso de las chuntás, la calle quedó en silencio por un momento, y de pronto surgió en el horizonte la larga comitiva de parachicos que protege en su interior al patrón, el cual carga con la responsabilidad de la imagen del Señor de Esquipulas.

Con rosas en la montera de ixtle, con la máscara levantada y sosteniendo una pequeña guitarra, el patrón se mantiene silencioso, en son de reverencia ante la imagen. Los parachicos hacen una valla alrededor suyo y de la imagen, que observa silenciosamente todo lo que sucede a su alrededor.

El calor de Chiapa, el sol a punto de desplomarse sobre las montañas es parte de este antiguo ritual en el que frenéticamente se reúnen la realidad y el mito.

Entonces aparecieron las María de Angulo, las reinas de la fiesta que observan con señorío a todos los visitantes, que de seguro volverán a tierras chiaparcoceñas el año próximo, cuando la tradición vuelva a despertar por las calles de este Pueblo Mágico.

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