"Fabián Rivera * CP. Un viento diferente corre por las calles de este Tuxtla que a pesar de la urbanización desmedida no pierde su espíritu. Ese viento corre y llena las casas con el aroma inconfundible de la flor de cempasúchil, el estoraque, la mandarina, entre otros muchos aromas que se unen en uno solo para festejar esta fecha tan importante en calendario de las tradiciones mexicanas: el Día de Muertos.
El repicar de las campanas y el ambiente que reúne en un mismo sitio el sentimiento del luto y la festividad entremezclados son claves de la idiosincrasia del México de hoy, del Chiapas de hoy que pugna por una urbanización que suele ser confundida con la insignia del progreso.
A pesar de todo, las familias más tradicionales de la capital chiapaneca, con recursos propios, hacen su guardadito en los meses previos a esta festividad y ponen el tradicional altar de muertos, como una muestra de cariño y aceptación de la visita de los ausentes, de los seres queridos que reposan en el sueño eterno.
Los altares son un verdadero mosaico de colores, un festín ""barroco"" que contienen ofrendas para recibir a los seres queridos en su Día Grande.
El altar contiene lo que más le gustaba en vida al familiar fallecido: mole, tamales, cochito; pozol, tascalate, pinole; dulces tradicionales, como suspiros y chimbos; y de igual forma, se le consienten vicios como el trago y el cigarro.
El altar se corona con un generoso vaso de agua, porque el viaje desde el más allá es largo. Y el vaso suele perder parte de su líquido a lo largo del día. Y no sabemos si es el calor lo que provoca esta leve pérdida. Pero se sugiere una misteriosa marca de labios en una de las orillas del vaso.
Es este vínculo religioso el sentido real de esta festividad que se resiste a ser vista como un acto mercantil, y cuyos elementos siguen perdurando, trasmitidos de generación en generación, en la memoria colectiva.
El altar de muertos
Como ya mencionábamos, el altar de muertos es un elemento clave de estas festividades. Aunque se puede pensar que su disposición es improvisada, el Consejo de la Crónica Municipal ofrece algunos pormenores acerca de su elaboración.
La mesa es se ornamenta con manteles, juncia, cirios y veladoras, papel de China picado, sahumerio y estoraque, imágenes de santos, y por supuesto, fotografías de familiares fallecidos, entre muchos otros elementos y detalles.
Sobre la significación de los altares, el Consejo de la Crónica Municipal de Tuxtla Gutiérrez apunta: ""Los altares deben ser de tres escalones: el primero representa el padre; el segundo, el hijo, y el tercero, el espíritu santo"".
""La luz de las velas ilumina el camino de llegada y de regreso al más allá de las almas, para su eterno descanso. Las velas blancas representan cada una de las personas fallecidas; si son velas grandes, representan a una persona adulta (alma grande); sin son chicas, representan a niños o jóvenes (alma chica).
""El 1 de noviembre se reúne la familia para velar las velas a partir de las 6:00 de la tarde. Niños y adultos permanecen estáticos, callados, temerosos. Se escuchan unos gritos: ¡calabacita, tía!... ¡Que viva la tía!..."".
Un año más tendrán que esperar las calaveritas y demás dulces tradicionales, una vez pasada esta fecha. Ese aire entremezclado de festividad y luto se guardará en la intimidad de cada calle y cada casa. Los muertos volverán a su reposo eterno con un buen sabor de boca.
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